Crítica de "Arco": un futuro de línea clara ★★★★
“Arco” nos recuerda mucho a “Petite Maman”. En cierto modo, la magistral fábula de Céline Sciamma tenía mucho de cómic de línea clara y de película de Studio Ghibli, referencias que empapan el debut en el largo del ilustrador y diseñador Ugo Bienvenu. Si en aquella se relataba el encuentro de dos crías gracias a un viaje en el tiempo, aquí son un niño y una niña, cada uno la encarnación de una época que no puede entenderse sin la mirada del otro, el futuro viéndose en el espejo del pasado y el pasado proyectándose en el espejismo del futuro. De ahí que uno se llame Arco y la otra Iris, como si el sinuoso puente de colores que une ambas dimensiones temporales dependiera de la comunión de ambas, de su relación armónica con su entorno, de un hermoso fenómeno atmosférico que nace del amor entre la luz y el agua.
Bienvenu define muy bien los dos universos en los que transcurre la acción. En el pasado, que corresponde al año 2075, percibimos la preocupación ecológica del cine de Miyazaki, en un mundo donde los adultos se han convertido en meros hologramas, los robots cumplen como padres y la naturaleza, bella y frondosa, se ve amenazada por la destrucción definitiva. Eso sí, Bienvenu parece imaginar el futuro desde un optimismo ilusionado: no localizamos cuanto tiempo ha pasado, pero los humanos viven en familia y en las alturas, a salvo de una realidad sumergida. El porvenir se sostiene, claro, en nuestra capacidad de adaptación al cambio.
La animación del filme es tan simple y diáfana como hermosa. Está en plena sintonía con la sensibilidad con que retrata la relación entre Arco e Iris, las dos caras de una misma esperanza cuya sobrevenida amistad, nunca azucarada, sostiene por sí sola la película. Si hay algo en “Arco” que chirría, son el trío calavera de torpes teletubbies, contrapunto cómico a la trama principal metido con calzador, hasta el punto de que nunca queda muy claro por qué a veces parecen los villanos de la función para luego convertirse en los ángeles de la guarda de los protagonistas.
Lo mejor:
Su humanismo de línea clara, que ve la luz al final del túnel de la destrucción.
Lo peor:
El trío de ángeles multicromáticos que funcionan como contrapunto cómico.
