Estamos todavía sobrecogidos por la tragedia de Adamuz. Se está procediendo, como es normal, a dilucidar la causa que provocó el descarrilamiento, para subsanar los fallos y evitar que algo así pueda suceder y, si procede, determinar las responsabilidades de lo sucedido. La prepotencia, el orgullo y la soberbia de algunos personajes públicos viene, una vez más, a chocar con la cruda realidad. Sucedió con el Titanic, considerado por sus propietarios y autoridades como el mejor trasatlántico del mundo, que pretendía llegar a Nueva York en tiempo récord y cayó hundido en mitad del Atlántico al chocar con un iceberg. De igual forma, el señor Puente, ministro de Transportes, no hace mucho se jactaba de que los trenes de alta velocidad en España podrían superar la velocidad de 300 kilómetros por hora, mejorando la marca de la alta velocidad de China. Deje, por favor, de contar ilusiones de cara a la galería y céntrese en hacer seguras las infraestructuras ferroviarias que están a su cargo. J. Daniel Rodrigálvarez. Soria Este jueves conocíamos la sentencia que devuelve a José María Pemán el título de Hijo Predilecto de Cádiz, retirado en 2021 por el pleno del Ayuntamiento gaditano. Es de celebrar un acto de justicia como este, a la vista del oscurantismo al que había sido condenado uno de nuestros más importantes literatos del siglo XX. Pemán, que además de un gran poeta, prosista y dramaturgo fue un excelso orador y articulista –colaborador, entre otros, de ABC–, perteneció a esa generación de escritores que, como Foxá, Panero o Rosales, han sido injustamente silenciados por haber desarrollado su carrera durante el régimen de Franco. Fue autor de elevados versos, tanto sacros como populares, de más de una veintena de novelas, así como de numerosas obras teatrales. También puso letra a la Marcha Real y a los himnos de la Armada y del Ejército del Aire. Monárquico convencido, fue presidente del consejo privado del Conde de Barcelona y se mantuvo siempre fiel a la causa de Don Juan, aun cuando esta lealtad pudo costarle ciertas desavenencias con el régimen. Por esta vida entregada a la empresa monárquica fue nombrado en 1981 caballero de la Insigne Orden del Toisón de Oro. Pemán, que ante todo fue un hombre bueno, piadoso y sencillo, había sido privado del reconocimiento de su ciudad natal por el sectarismo y la censura de quienes, sin conocer el pasado, pretenden reescribirlo. Hoy, tras esta pequeña victoria, resuenan aquellos versos, casi premonitorios, de su célebre 'Elogio de la vida sencilla': «Tras los honores no voy;/ la vida es una tirana,/ que llena de honores hoy/ al que deshonra mañana./ No quiero honores de nombres;/ vivo sin ambicionar,/ que ese es honor que los hombres/ no me lo pueden quitar». Manuel Yago Arza-Galán. Madrid