Una exclusiva vivienda en una de las mejores urbanización de lujo de Palma de Mallorca, 180 metros cuadrados perfectamente equipados que salían al mercado de alquiler por 3.000 euros al mes y que tardó muy poco en encontrar inquilinos. Esta es la historia de inquiokupación de Lourdes , una empresaria mallorquina que ha compartido con los reporteros de 'El programa de Ana Rosa' (Telecinco) cómo están sufriendo esta situación. Y es que todo parecía de color de rosa, con unas personas que firmaron el contrato que le parecieron confiables. El destino le demostró que era solo fachada. Y es que la familia que ocupó la vivienda , con un empresario danés a la cabeza, parecía ser perfecta para este inmueble. Se mudó con su mujer y los dos hijos de ella y comenzó el contrato. Pasaron los meses, el primero, el segundo, el tercero… y todo transcurría con normalidad, hasta que cumplieron el año de contrato y todo se desmontó. La pareja había roto su relación, el cabeza de familia había abandonado la residencia familiar y se quedó viviendo la mujer con sus hijos, que desde entonces no han vuelto a pagar ni un solo recibo. Él fue el que había firmado el contrato, por lo que, a efectos legales, sería más un caso de okupación que de inquiokupación . La deuda que acumulan sus actuales inquilinos ascendente a 23.000 euros. La persona que vive en su vivienda lleva a sus hijos a un colegio privado que, según ha explicado Lourdes, le supone un desembolso de 1.000 euros al mes, por lo que la situación de vulnerabilidad económica no es tal. Mientras tanto ella ha de afrontar los gastos de consumo genéricos de la casa, la luz, el agua y la comunidad, entre otros. Lourdes ha acudido al programa de Ana Rosa Quintana porque se encuentra desesperada. Ha avisado en numerosas ocasiones a la Guardia Civil porque la amenazan pero no encuentra la forma de recuperar su inmueble. Ha iniciado una demanda de desahucio por precario, que se presentó en noviembre, pero se está retrasando el proceso y ella sigue esperando. Se encuentra angustiada porque esta situación «no se la deseo a nadie». Su principal reclamo es que quienes viven en la casa no son personas vulnerables, sino que «tienen poder adquisitivo».