La nueva Cancillería de Kast: giro económico, alineamiento y riesgos estratégicos
Esta semana, el presidente electo José Antonio Kast presentó la nómina de ministros y subsecretarios que lo acompañarán en su gobierno, que asumirá oficialmente el próximo 11 de marzo de 2026. En este contexto, la Cancillería asoma como uno de los ministerios donde se anticipan mayores cambios y desafíos estratégicos para el nuevo gobierno.
Kast ha definido su administración como un “gobierno de emergencia”, una categoría política que no solo busca instalar urgencia, sino también justificar un rediseño profundo de prioridades del Estado, concentradas en seguridad, control migratorio, orden público y reactivación económica. Esa lógica se proyecta con especial fuerza en la política exterior, que deja de concebirse principalmente como una herramienta diplomática y pasa a ser entendida como un instrumento funcional al crecimiento económico y a la seguridad nacional.
Presentación del gabinete de José Antonio Kast. Foto: Aton.
En ese marco, el nombramiento de Francisco Pérez Mackenna como futuro ministro de Relaciones Exteriores —junto a Paula Estévez en la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, la SUBREI, y Raúl Sanhueza en la Subsecretaría de Relaciones Exteriores— configura un equipo que representa un giro claro hacia una Cancillería de perfil gerencial, orientada a resultados, inversión y control.
El escenario internacional que enfrentará este equipo es particularmente complejo. La rivalidad entre Estados Unidos y China ya no es solo comercial, sino tecnológica, financiera y geopolítica. La fragmentación del orden internacional, la erosión del multilateralismo, la reaparición de políticas proteccionistas, la presión sobre las cadenas de suministro y la aceleración tecnológica —particularmente en inteligencia artificial y ciberseguridad— están redefiniendo las reglas del juego para países medianos como Chile.
Nuevo enfoque para Cancillería
El perfil de Pérez Mackenna ha sido una de las mayores sorpresas del gabinete. Ingeniero comercial de la Universidad Católica y MBA de la Universidad de Chicago, es un referente histórico del mundo empresarial chileno. Durante décadas fue un ejecutivo clave del Grupo Luksic, llegando a ser gerente general de Quiñenco, una de las mayores holding de Chile y Sudamérica y miembro de numerosos directorios como el Banco de Chile, CCU, Hapag-Lloyd, Nexans o la Sudamericana de Vapores, entre otros.
Su llegada a la Cancillería implica su salida de estos cargos, pero también abre un debate inevitable: cómo separar los intereses del mayor conglomerado económico del país de la conducción de la política exterior.
José Francisco Pérez Mackenna, nuevo Ministro de Relaciones Exteriores. Santiago 20 de enero 2026.
Se realiza el anuncio oficial del Gabinete de Ministros del Presidente Electo, en la comuna de Las Condes.
Dragomir Yankovic/Aton Chile
Esta visión no es completamente nueva. Recoge una línea ya instalada durante gobiernos anteriores, especialmente con el ex canciller de Piñera Alfredo Moreno, quien también llego del mundo empresarial e impulsó la idea de una Cancillería entendida como una plataforma de negocios y promoción económica. A esa lógica se suma la designación de Roberto Ampuero como embajador ante Naciones Unidas, reforzando una dimensión más ideológica y confrontacional frente a ciertos regímenes de la región, lo que complementa el “realismo” económico con una lectura política más dura.
La señal económica se profundiza con el nombramiento de Paula Estévez en la SUBREI. Estévez proviene directamente del mundo corporativo y hasta ahora se desempeñaba como gerenta general de la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio, AmCham. Su perfil no es diplomático, sino eminentemente técnico-comercial. Colocar a la cabeza de la política comercial internacional a quien representaba los intereses de las empresas estadounidenses en Chile envía una señal inequívoca, la prioridad será profundizar la relación económica con Estados Unidos y acelerar la atracción de inversión extranjera directa.
Se espera que la SUBREI deje de operar como una unidad administrativa centrada en aranceles y tratados para transformarse en una agencia activa de promoción de inversiones, con metas, indicadores de desempeño y una lógica similar a la de una gran gerencia corporativa. Esto podría desplazar el eje de poder interno desde la Subsecretaría política hacia la Subsecretaría económica, alterando equilibrios históricos dentro del Ministerio.
Este giro, sin embargo, abre una tensión estratégica evidente. Chile mantiene una altísima dependencia comercial de China, especialmente en exportaciones mineras, agrícolas y alimentarias. Una alineación excesiva con Washington, en un contexto de guerra comercial y tecnológica, expone a Chile a represalias indirectas por parte de Beijing, que no requieren sanciones formales para tener impacto, basta con redirigir compras hacia otros mercados. En un país altamente abierto y dependiente del comercio exterior, este riesgo no es teórico.
Banderas de China y Estados Unidos. Imagen creada con inteligencia artificial.
A esto se suma el dilema tecnológico. Alinear la política de seguridad, telecomunicaciones y ciberseguridad exclusivamente con Estados Unidos podría encarecer la modernización del Estado, limitar el acceso a soluciones más competitivas y reducir márgenes de maniobra en un mundo cada vez más multipolar.
El tercer componente del equipo es Raúl Sanhueza, diplomático de carrera con amplia experiencia en asuntos consulares, migración y gestión operativa. Su rol es clave para aportar estabilidad institucional y conocimiento práctico en un ministerio que, pese a los cambios políticos, mantiene una burocracia profesional altamente estructurada. En un gobierno que ha prometido endurecer el control migratorio, Sanhueza será el encargado de traducir esas directrices políticas en procedimientos compatibles con el derecho internacional y con la tradición diplomática chilena, evitando crisis innecesarias.
“Pragmatismo y soberanía”: Del dicho al hecho
Desde el punto de vista programático, el gobierno de Kast plantea abandonar lo que denomina “agendas ideológicas globales”, como los pactos migratorios, ciertos compromisos ambientales o la política exterior feminista, para concentrarse en soberanía, seguridad y crecimiento. El objetivo declarado es insertar a Chile como un socio estratégico en las cadenas de suministro que Estados Unidos busca relocalizar fuera de Asia, particularmente en minerales críticos, litio, hidrógeno verde y energías limpias.
En ese contexto, Estévez, en su rol como gerenta general de AmCham ya había sostenido reuniones con el nuevo embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, donde se reafirmó el interés por proyectos vinculados a litio, tierras raras y energía, destacando el proyecto de la minera Aclara, la más avanzada en tierras raras, en la afectada por los incendios, comuna de Penco. Estas áreas son consideradas estratégicas para la seguridad nacional de Estados Unidos, así lo ha afirmado el embajador recientemente a tráves de sus redes sociales.
embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd. Foto: Jonnathan OyarzunAton Chile
No obstante, detrás del discurso de eficiencia y pragmatismo aparece un debate más profundo. El debilitamiento el multilateralismo, la reducción del peso de organismos internacionales y una mayor politización de la diplomacia pueden erosionar una de las fortalezas históricas de Chile: su credibilidad institucional, su previsibilidad y su capacidad de diálogo transversal.
Existe también el riesgo de que el concepto de soberanía conviva con una dependencia creciente de la agenda estratégica estadounidense, lo que reduce la autonomía real de decisión. El verdadero desafío para un país como Chile no es alinearse, sino mantener márgenes de flexibilidad en un sistema internacional cada vez más polarizado.
A estos dilemas se suma un desafío concreto, la negociación de procesos de integración minera con Argentina en zonas donde el grupo empresarial del que proviene Pérez Mackenna mantiene intereses históricos y antecedentes de conflictos ambientales. Cualquier avance en acuerdos binacionales será observado con especial atención por el Congreso, la opinión pública y actores regionales, por los potenciales conflictos de interés que podrían surgir y por su impacto en soberanía y gobernanza ambiental.
En síntesis, la nueva Cancillería que proyecta el gobierno de José Antonio Kast representa un cambio profundo en la forma en que Chile concibe su inserción internacional, más orientada al negocio, a la seguridad y al control, y menos enfocada en la diplomacia normativa, multilateral y de valores. El dilema de fondo será si este modelo logra fortalecer la posición económica del país sin comprometer su autonomía estratégica, su estabilidad comercial y su capital diplomático acumulado durante décadas, en un escenario global cada vez más volátil e incierto.
