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¿Se puede vivir de los dividendos?

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Desde que las primeras compañías mercantiles comenzaron a repartir beneficios entre sus accionistas, el dividendo se ha consolidado como una de las formas más antiguas de remunerar la inversión. Ya en el siglo XVII, empresas como la Compañía Holandesa de las Indias Orientales -considerada la primera empresa cotizada de la historia-, distribuían parte de sus ganancias entre quienes habían confiado su capital al proyecto. Siglos después, esta práctica sigue vigente y cuenta con un interés renovado.

En un contexto económico donde la estabilidad laboral y los ingresos tradicionales se perciben cada vez más inciertos, la búsqueda de fuentes de ingresos alternativas, entre las que se encuentran, cómo no, los dividendos, ha adquirido protagonismo. Pero, ¿qué son exactamente y cómo funcionan? Y, sobre todo, ¿se puede llegar a vivir de ellos y conseguir la llamada libertad financiera?

En relación con la primera cuestión, los dividendos representan la porción de las ganancias de una empresa que se distribuye entre sus accionistas. Existen dos formas principales de abonarlos: mediante efectivo, por el que la empresa transfiere un monto específico por acción directamente a la cuenta del inversor; y a través de acciones, de manera que la compañía entrega nuevos títulos, aumentando la participación del accionista sin modificar su inversión inicial.

En relación a la segunda pregunta, si se puede vivir de los mismos, la respuesta es que depende de varios factores, como el capital, el rendimiento de las acciones, la diversificación y del estilo de vida. Así, para obtener 40.000 euros brutos y, teniendo en cuenta un portafolio de empresas que paguen un dividendo promedio de un 4% anual, sería necesario realizar una inversión en dichas compañías de un millón de euros.

Ventajas y riesgos

Los dividendos ofrecen múltiples ventajas que los hacen especialmente interesantes para quienes buscan ingresos pasivos. Como son recurrentes, proporcionan flujo de efectivo sin vender activos, y su reinversión acelera el crecimiento del capital mediante lo que se conoce como interés compuesto. Es decir, los intereses generados se suman al capital inicial, lo que crea un efecto «bola de nieve». De hecho, según Morningstar, más del 40 % del rendimiento total del mercado estadounidense desde 1930 proviene de dividendos reinvertidos.

Además, existe una menor dependencia de la evolución del valor, ya que, incluso si la acción baja, el dividendo genera ingresos estables, y evidencia disciplina y estabilidad por parte de las empresas, puesto que las compañías que pagan dividendos suelen tener modelos de negocio consolidados y previsibles.

Aunque atractiva, esta estrategia tiene riesgos, ya que las empresas pueden reducir o eliminar pagos, especialmente en periodos de crisis (ya se vio durante la pandemia), y son muy sensibles al efecto de la inflación. Si los dividendos no crecen al ritmo del aumento del coste de la vida, el poder adquisitivo disminuye.

Por tanto, si se quiere vivir de los dividendos, los expertos aconsejan que las empresas seleccionadas tengan un historial estable a la hora de retribuir a los accionistas, un payout (parte del beneficio que se destina a dividendos) razonable y un modelo sostenible.

El dividendo ha sido, históricamente, un componente central del proceso de inversión. Daniel Peris, inversor especializado en dividendos y autor del libro «The Ownership Dividend», explica que durante décadas su pago se consideraba un indicador clave de la salud financiera de una empresa. Por tanto, su ausencia era vista como una señal de alerta. Si una compañía no distribuía beneficios, podía estar atravesando problemas. Por ello, los dividendos se convirtieron en un termómetro fiable para inversores y analistas.

Sin embargo, durante la era de tipos de interés bajos, las inversiones en dividendos sufrieron un cierto «entorno hostil», ya que muchas empresas, especialmente tecnológicas, optaron por reinvertir los ingresos en crecimiento y desarrollo en lugar de retribuir a los accionistas.

No obstante, la situación ha comenzado a cambiar. Con el dinero teniendo nuevamente un coste real, los dividendos vuelven a ser un foco de interés para inversores que buscan ingresos estables y previsibles.

Estados Unidos

Estados Unidos es el mercado de referencia para esta estrategia debido a la cultura de dividendos que existe en el país norteamericano. Empresas como Johnson & Johnson, Coca-Cola, Procter & Gamble o ExxonMobil llevan décadas retribuyendo a sus accionistas. Pero, además de acciones individuales, existen fondos y ETFs especializados en dividendos.

En 2025, una parte significativa de los inversores estadounidenses interesados en ingresos por inversión, no solo en crecimiento de capital, se volcó hacia unos tipos de ETF que ofrecen rendimientos excepcionalmente altos porque utilizan derivados complejos, como los «covered calls» (opción de compra cubierta), para generar ingresos. Ya no se trata únicamente de comprar acciones que pagan dividendos estables, sino también está entrando dinero en fondos que crean pagos elevados. Un fenómeno en pleno auge, y que se evidencia en que el año pasado esta categoría captó aproximadamente uno de cada seis dólares invertidos en fondos cotizados en Bolsa.

Aunque estos ETF de alto rendimiento pueden parecer atractivos, no funcionan como los dividendos tradicionales. A menudo, sus pagos vienen de primas de opciones u otras posiciones en derivados, lo que significa que están devolviendo parte del capital o limitando la participación en alzas de mercado.

Los expertos advierten también de que los ingresos generados pueden confundirse con rentabilidad real, mientras que, en realidad, parte del rendimiento viene a costa de la apreciación del precio del fondo. Además, desde el punto de vista fiscal, pueden tener un tratamiento más gravoso.

España

En España, las políticas de retribución al accionista se han mantenido activas. De hecho, en 2025, se batió un récord en lo que a retribución al accionista se refiere. En concreto, el año pasado se repartieron 37.711,55 millones de euros hasta noviembre, un 9,86% más que en el mismo periodo de 2024, con lo que encadena cinco años de crecimiento consecutivo, según revela el «Informe de Mercado 2025» de Bolsas y Mercados Españoles (BME).

Si a esta cantidad se suman los 812 millones correspondientes a devoluciones por prima de emisión y otros 177 por reducciones de nominal con devolución de aportaciones, la retribución total ascendió a 38.760,43 millones de euros, un 11,8% más.

De esta manera, la diferencia de rentabilidad acumulada hasta noviembre entre el Ibex 35 y el Ibex 35 con dividendos en 2025 fue de 5,49 puntos porcentuales, es decir, cerca de 1,5 puntos por encima del valor promedio de la rentabilidad por dividendo ofrecida por la Bolsa española desde 1986, que asciende al 4%. Así, en tres años, el selectivo de la bolsa española ha subido el equivalente a un 27,52% anual; mientras que con dividendo, un 33,26%.

Por sectores, las compañías integradas en Servicios Financieros fueron las que, de forma agregada, ofrecieron en 2025 una mayor rentabilidad por dividendo (8,87% adicional sobre la obtenida por la variación de los precios), seguidas por Petróleo y Energía (6,5%), Servicios Inmobiliarios (5,93%), Servicios de Consumo(4,52%), Materiales Básicos, Industria y Construcción (4,14%) y Bienes de Consumo (3,34 %).

A 30 de noviembre, 55 de las 85 empresas integradas en alguno de los principales índices de la familia Ibex 35 habían repartido dividendos. De ellas, 32 pertenecían al selectivo principal, 14 al Medium Cap y 9 al Small Cap. Entre todas, 23 compañías ofrecieron en 2025 dividendos suficientes para proporcionar a sus accionistas más de un 4 % de rendimiento anual exclusivamente por este concepto.

Pagadores

Entre los grandes pagadores del ejercicio destacó Inditex. La compañía propietaria de Zara, consolidada como uno de los principales distribuidores de dividendos en España, repartió en 2025 un total histórico de 5.235 millones de euros (1,68 euros por acción), cifra récord en la historia de la empresa. Aena, por su parte, abonó un dividendo de 9,76 € por título, uno de los mayores en términos absolutos del mercado español.

Si se tiene en cuenta la rentabilidad por dividendo (RpD), en 2025 destacaron Repsol y Enagás, con rendimientos superiores al 8% y al 7,5%, respectivamente. Por encima del 7 % se situaron Banco Sabadell y Logista. Cabe recordar que la rentabilidad por dividendo varía mes a mes, ya que, aunque el dividendo sea constante, el precio de la acción fluctúa. Así, en diciembre, según el monitor de rentabilidad por dividendo de Santander, Telefónica lideraba el ranking con una RpD del 8,11%.

Dentro del sector financiero, CaixaBank se consolidó como otro de los grandes bancos con dividendos atractivos, con rentabilidad situada entre el 6% y el 7%. En el ámbito energético, Naturgy volvió a destacar entre las «utilities», con una rentabilidad por dividendo superior al 6%. También sobresalieron Unicaja Banco, Endesa y Mapfre, valores que combinan rentabilidades elevadas con distintos grados de estabilidad y sostenibilidad.

Calendario 2026

Respecto a 2026, el año ha arrancado con un calendario de dividendos especialmente activo tras los récords alcanzados el año pasado. Redeia retribuyó a sus accionistas el pasado 7 de enero; Endesa, el 12; Repsol, el 14; Cellnex, el 15. Amadeus y Acerinox repartieron dividendo la tercera semana de enero, mientras que el siguiente pago confirmado será el de Iberdrola, el próximo 2 de febrero.

Sabadell, Inditex, Aena, Acciona, Telefónica, Unicaja, Colonial e Indra son algunas de las compañías que tienen previsto retribuir a sus accionistas a lo largo del año. No obstante, el calendario se ha visto alterado por el anuncio de Telefónica, que reducirá su dividendo a la mitad, afectando a las expectativas de rentabilidad de los inversores centrados en esta estrategia. Este ajuste recuerda a los inversores que la estabilidad y previsibilidad de los pagos, aunque habitual en algunas empresas, nunca está garantizada.

En definitiva, vivir de los dividendos no es una fantasía, pero sí una carrera de fondo que depende de varios factores y que exige sobre todo de planificación. Por este motivo, los expertos coinciden en una serie de recomendaciones clave para quienes aspiran a alcanzar la ansiada libertad financiera: empezar cuanto antes, aprovechar el efecto de la reinversión, diversificar por sectores y geografías, analizar la sostenibilidad del dividendo, tener en cuenta la fiscalidad y revisar periódicamente la cartera para adaptarla a los cambios del mercado y de la situación personal. Con dividendos, el capital puede adquirir vida propia.















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