Cómo quiebran los países
François Rabelais (1494-1554), autor de Gargantúa y Pantagruel, decía que «las deudas y las mentiras generalmente se mezclan». Benjamin Disraeli (1804-1881), primer ministro británico en la era isabelina, fue más radical: «La deuda es una prolífica madre de locura y de crimen».
Ray Dalio, multimillonario, fundador de Bridgewater Associates, el mayor fondo de cobertura del mundo y también filántropo, defiende desde hace tiempo que la acumulación de deuda pública conduce a la quiebra de los países. La editorial Deusto acaba de publicar en España el último libro de Dalio: Cómo quiebran los países. El gran ciclo de la deuda. Debería ser una lectura obligatoria para los políticos españoles y de casi todos los países, pero es poco probable que asuman las conclusiones del famoso inversor. Dalio no pasará a la historia como un gran escritor ni, por supuesto, obtendrá ningún premio literario, lo que no impide que su análisis sea certero.
La deuda —la acumulación de deuda, en este caso pública— explica muchas cosas y quizá sirva para entender mejor –si eso es posible– la errática y también siempre amenazante política de Donald Trump, que ahora dice que quiere negociar sobre Groenlandia. Nadie sabe, eso sí, si la semana que viene cambiará de opinión y volverá a amenazar con emplear la fuerza.
El inquilino de la Casa Blanca, entre otros, tiene el problema de que Estados Unidos debe refinanciar este año nada menos que diez billones –con «b» de barbaridad– de dólares de deuda pública que vence a lo largo de los próximos meses. Es evidente que necesita una estrategia para abordar ese desafío, lo que no impide que sus planes sean tan erráticos como arriesgados.
Hay quien ve, sin embargo, un patrón que contempla perseguir una bajada en los precios del petróleo, intentar una reducción de la inflación, influir en la Reserva Federal para que baje los tipos de interés y, en definitiva, refinanciar esos diez billones de dólares a un precio inferior.
Algunos de esos objetivos son contradictorios, pero eso no impide que Trump los persiga y explique la intervención en Venezuela con la detención de Nicolás Maduro, su interés por Groenlandia y sus idas y venidas con los aranceles.
Ray Dalio, en su libro, describe la que él denomina «secuencia arquetípica que conduce a la quiebra» de los países. Explica que gobiernos y particulares se endeudan poco a poco hasta que surge «la crisis final», que tendría nueve etapas. Todo comienza con el aumento del endeudamiento que, para financiarlo, obliga a subir los tipos de interés, pero eso debilita la economía, reduce las reservas del país y presiona a la baja la moneda.
Como el escenario es muy malo, los bancos centrales flexibilizan el crédito y la moneda se devalúa. La «quiebra» llega cuando ya no hay dinero para pagar los intereses de la deuda y el banco central tiene que fabricarlos de la nada. En esos momentos, «se necesitan –escribe Dalio– tanto recortes del gasto como aumentos fiscales, porque si solo proceden de recortes del gasto o de incrementos fiscales, los recortes o los incrementos serían demasiado grandes. No es posible que los líderes políticos digan estas cosas públicamente porque serían expulsados del cargo. Solo son aceptables propuestas rotundas: «prometo que nunca subiré los impuestos» y «prometo que nunca recortaré prestaciones». Quienes digan cosas distintas no tienen futuro político.
Dalio se fija sobre todo en Estados Unidos, que tiene una deuda pública muy elevada y unos ahorros líquidos muy bajos, pero también posee la moneda de reserva mundial, aunque empieza a socavarla. No obstante, EE.UU. puede, hasta cierto punto, mantener la situación mientras el dólar sea la moneda de reserva dominante.
Por eso Trump también quiere controlar la Reserva Federal, que ahora preside Jerome Powell, para bajar los tipos de interés –el precio de la deuda– y mantener la fortaleza del dólar, por mucho que sean objetivos contradictorios, pero para los que necesita reforzar el papel dominante de EE.UU. en el escenario internacional.
El libro de Dalio es un grito de advertencia en un mundo endeudado más allá de cualquier prudencia, un diagnóstico aplicable a una buena parte de los países, entre los que figura España, con una deuda pública de 1,7 billones, uno de los grandes problemas de la economía, como recuerda a menudo, entre otros, el economista socialdemócrata José Carlos Díez, muy crítico con el Gobierno de Pedro Sánchez, que –sin Presupuestos– prevé un aumento neto de la deuda pública española este año de unos 50.000 millones de euros, sin dar muchas explicaciones, quizá porque las deudas y las mentiras se mezclan, como ya adelantó Rabelais.
