Marchando hacia el siguiente Jerí, por Mirko Lauer
La marcha del próximo 28 partirá cargada de esperanzas, pero no está claro a qué puerto va a llegar. De partida, ha sido bautizada como un acto de la generación Z, pero en verdad acudirán todas las edades. Poder movilizarse contra una inconducta presidencial tan obvia vale oro, a cualquier edad. Sobre todo para quienes están a la cola de las encuestas.
Estamos en el momento en que Keiko Fujimori se está jugando el todo por el todo en su defensa del interinato. Si José Jerí llega a caer, los puntos irán a favor de Rafael López Aliaga, quien sí pide la vacancia y ofrece sus votos para ella. Fujimori ya es acusable de todo lo que diga y cometa Jerí de aquí a junio próximo.
¿Ganarán algo los movilizados del próximo 28? Volvemos a decir que, por supuesto. Quizás no en dirección de la presidencia, pero sí en términos del número de senadores y diputados. Tanto si Jerí cae como si no, la izquierda y la provincia aparecerán como sectores que enfrentan problemas nacionales dentro de cauces pacíficos, digamos.
Una cosa es dar el primer empujón a Jerí desde el Congreso, otra darle el segundo desde la calle. Si aparecen juntos los 87 votos de la vacancia, se dirá que fue por el peso de la movilización juvenil, en Lima y en el interior. Ahora solo falta que el periodismo destape algunas perlas más, y que aparezcan los proverbiales aspirantes a colaboradores eficaces.
La mejor salida que tiene el fujimorismo en esta situación es lanzarse a la carrera hacia el pescuezo de Jerí. Van a encontrar competencia, pero algo han aprendido en lo de tumbar presidentes incómodos. Aunque el tiempo no está jugando a su favor. En una de esas encuentran a López Aliaga en la marcha, cuatro puntos más adelante.
Si la marcha se desborda hacia formas de vandalismo, la ganancia será de Jerí, y la prueba de que sería mejor dejarlo que visite chifas hasta el final. El presidente interino está en condiciones de azuzar a los movilizados y de producir ese resultado favorable. Pero se puede encontrar con esa maniobra más adelante.
En medio de todo esto es notable la devoción de Fernando Rospigliosi por irle salvando el pellejo a su colega directivo parlamentario.
