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Un Puente hacia el infierno

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Abc.es 
Larache era, junto con Ceuta y Melilla, una de las tres comandancias del protectorado español en Marruecos. Entre 1918 y 1922, sus mandos saquearon impunemente el presupuesto que el Gobierno había asignado. Obligaban a los proveedores a firmar recibos en blanco, daban por recibidas entregas de material que nunca llegaban, robaban y revendían suministros a las tribus locales y cometían un sinfín de hurtos que posteriormente dilapidaban en casinos o prostíbulos. La corrupción era generalizada y solo faltó que un general impulsivo, Fernández Silvestre, decidiera que había llegado el momento de dar un golpe de mano y obtener un triunfo glorioso para que, poco después, millares de soldados españoles cayeran masacrados en un infierno que se denominó el Desastre de Annual. Aunque muchos no den importancia a las acciones corruptas de más de un mandatario, lo evidente es que la corrupción mata . En Annual no fueron directamente los mandos corruptos quienes dispararon, sino los rifeños, pero en muchas ocasiones lo hicieron con los fusiles que habían comprado a esos mismos corruptos. En España hemos asumido con total normalidad que el portero de un prostíbulo, amigo de un ministro y de un presidente del Gobierno, fuera miembro de un consejo asesor de Renfe; que se contratara directa o indirectamente a las 'sobrinas' de un ministro en empresas públicas; y que estas no solo cobraran un sueldo público, sino que además pudieran hacerlo sin trabajar. Todo ello fue destapado por una investigación de la Guardia Civil. El ministro actual que es el que lo debería haber destapado, o al menos investigado seriamente, y no lo hizo, es el mismo que ahora trata de justificar, con lo que parecen medias verdades o mentiras, el accidente ferroviario más grave ocurrido en España en los últimos años. Y es que en nuestro país hay que lamentar la muerte de casi medio centenar de personas que regresaban a casa para preparar una semana siguiente que jamás llegaron a ver. También hay que lamentar el grave daño a la reputación del AVE, una de las joyas de nuestra industria, que ha sufrido un varapalo del que no sabemos cuánto tiempo tardará en recuperarse. El ministro Puente, al igual que el general Fernández Silvestre, ha demostrado ser un bocazas que desprecia los riesgos de su huida hacia adelante. Fernández Silvestre soñaba con alcanzar a sofocar la rebelión rifeña sin una estrategia consolidada. Puente hablaba del tiempo esplendoroso del ferrocarril en España, de que íbamos a superar al resto de países en modernidad ferroviaria y, mientras posiblemente soñaba con ser el sucesor de Pedro Sánchez , se permitía escribir un tuit burlándose de la mujer del alcalde de Madrid. Hasta que despertó con una noticia que él mismo calificó de «extraña» y que implicaba la muerte de muchas personas. Desde entonces no hace más que ofrecer ruedas de prensa en las que deja más incógnitas que certezas, mientras la prensa del régimen habla de lo transparente y buen comunicador que es el ministro socialista y de la suerte que tenemos de contar con tan gran comunicador. Digo yo que quizá sería más deseable tener un ministro eficaz, que gestionase bien los servicios públicos de los que es responsable, que uno que se limite a dar explicaciones tras un desastre que, a todas luces, parece responsabilidad del ministerio que dirige. Además, todos esos que alaban el incremento de inversiones en la red ferroviaria deberían recordar que en Larache llegaba mucho dinero, pero no se utilizaba en los objetivos previstos. La corrupción de Larache se descubrió porque a uno de los capitanes implicados en el entramado le intentaron birlar parte de las mordidas. Por cierto, una historia de 1922 que suena sorprendentemente actual. El General Fernández Silvestre, según parece, se pegó un tiro al contemplar el desastre que había provocado. Óscar Puente debió dejar de ser ministro el día en que se vanagloriaba de una auditoría encargada por él mismo que afirmaba que no había corrupción en Renfe y Adif, y que posteriormente fue desmontada. Sin embargo, probablemente seguirá en el cargo a pesar del desastre de su gestión y no tardaremos en leer nuevos tuits suyos burlándose de la mala gestión de los responsables políticos de los partidos rivales. La palabra dimitir no existe en el socialismo actual de Pedro Sánchez. Es lamentable leer como defiende a su ministro tras un desastre de gestión difícilmente superable. Pero es que el gobierno de Sánchez no se dedica a gestionar de forma eficaz los servicios públicos, sino a construir un relato para que millones de incautos crean que se está gobernando bien. Mientras tanto, los errores se acumulan, las responsabilidades se diluyen y las consecuencias recaen siempre sobre los mismos. Así nos va. Annual nos enseñó que la corrupción y la incompetencia no se pagan con dimisiones, sino con vidas humanas. Un siglo después, seguimos empeñados en no aprender la lección y tomamos puentes no hacia nuestro destino sino hacia el infierno. Coda . La dinámica se repite con precisión mecánica. Tras el episodio de la dana, Carlos Mazón y Alberto Núñez Feijóo fueron conducidos a un laberinto de explicaciones políticas que sirvió más para desviar el foco que para depurar responsabilidades . Los del Partido Popular no aprenden, todo apunta a que Juanma Moreno desfilará en un futuro por una comisión de investigación del Congreso, esta vez por la gestión de los servicios de emergencia el día del accidente ferroviario. Mientras tanto, los responsables ministeriales permanecen al margen, protegidos por un relato que convierte el ruido parlamentario en coartada y la rendición de cuentas en un simulacro.














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