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El océano bajo el asedio químico

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Abc.es 
Olas de calor marinas, las temperaturas extremas y la presión humana sobre las costas han puesto de manifiesto en los últimos meses un problema que va más allá de la crisis climática: la presencia de compuestos químicos que contaminan el mar y los organismos que lo habitan. Denominados contaminantes emergentes están presentes en una larga lista de productos como en fármacos como antibióticos, analgésicos o anticonceptivos; productos de cuidado personal como cremas, filtros solares o desodorantes; pesticidas de nueva generación, nanomateriales, microplásticos y nanoplásticos; e incluso retardantes de llama empleados para reducir la inflamabilidad en plásticos, textiles y aparatos electrónicos. Uno de los grupos más preocupantes son los PFAS, compuestos per y polifluorados usados en sartenes antiadherentes, ropa impermeable o espumas contra incendios. Estos compuestos, apodados «químicos eternos», no se degradan fácilmente y se acumulan en los tejidos vivos. Según estudios recientes, el 96% de los adolescentes de entre 12 y 19 años en el mundo presenta concentraciones detectables de PFAS en sangre. Algunos de estos compuestos se relacionan con efectos adversos en la salud, desde alteraciones hormonales hasta problemas en el sistema inmunitario. Consciente de esta amenaza global, el CSIC coordina desde enero de 2024 el proyecto europeo ONE-BLUE, que busca nuevas herramientas para identificar contaminantes de forma más precisa, rápida y rentable, un reto crucial para poder anticiparse a su impacto. Entre sus avances más prometedores figuran un sistema ultrasónico de muestreo que permite capturar y concentrar micro y nanoplásticos de tamaño inferior a 100 micras, desarrollado por ITEFI-CSIC y Miconit, y un sensor autónomo de nueva generación, basado en materiales porosos (COF) y espectroscopía Raman mejorada (SERS), que puede detectar antibióticos en tiempo real y a distancia. Esta innovación es clave para identificar focos costeros de resistencia a los antibióticos, una de las mayores amenazas para la salud pública del siglo XXI. En 2025, ONE-BLUE encara una fase crucial: las campañas oceanográficas en el Mediterráneo, Atlántico y Ártico. Gracias a estas expediciones será posible crear el primer mapa detallado de la distribución de contaminantes emergentes en diferentes mares europeos. La información generada se integrará en una base de datos abierta y accesible siguiendo los principios FAIR de gestión científica (datos localizables, accesibles, interoperables y reutilizables). Este repositorio permitirá a la comunidad científica establecer modelos predictivos, mejorar las evaluaciones de riesgo y ofrecer recomendaciones que apoyen las nuevas políticas ambientales de la Unión Europea. No obstante, el proyecto no se limita al ámbito académico. Sus resultados contribuirán a iniciativas comunitarias como la Directiva Europea de la Estrategia Marina y el Zero Pollution Action Plan, dos piezas clave del Pacto Verde Europeo. En un contexto de crisis climática, donde el calentamiento global agrava la vulnerabilidad de los océanos, disponer de herramientas para medir y mitigar el impacto de los contaminantes es vital. «La ciencia no puede esperar a que las consecuencias sean irreversibles, necesitamos anticiparnos y ofrecer soluciones», señalan desde el CSIC. Pero además, ONE-BLUE también apuesta por la divulgación y la cooperación internacional. A través de seminarios, webinars, colaboraciones con universidades y talleres educativos, el proyecto busca sensibilizar a la ciudadanía sobre la importancia de un mar libre de contaminantes invisibles. La colaboración entre sectores —académico, industrial y político— es otro de sus pilares. Gracias a las sinergias con otras iniciativas europeas, se espera crear un frente común que permita afrontar de manera más eficaz los riesgos que amenazan a mares y océanos. Los contaminantes emergentes son un reto que no conoce fronteras. Entran en los ríos a través de las aguas residuales, llegan al mar y, desde ahí, afectan a la biodiversidad y regresan al ser humano a través de la cadena alimentaria. ONE-BLUE es un recordatorio de que la salud del océano y la salud humana están íntimamente conectadas. Como subrayan los investigadores, proteger el mar es protegernos a nosotros mismos.














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