Hasta hoy es un error que los españoles no hemos cometido, o no tanto como lo han cometido otros. Los inmigrantes empezaron a llegarnos hace tres décadas y han servido, además de para compensar nuestro declive demográfico, para llevar la población española al borde de los cincuenta millones de personas, de los que ellos y sus hijos representan en torno al diez por ciento. Se han instalado en muchos de nuestros barrios, no desde luego en los más acomodados, pero tampoco se los ha relegado con carácter general a los nefastos y temibles guetos de otras latitudes. Es uno de nuestros mayores aciertos como sociedad, que como nos indica un lector no debe descuidarse. Y cabe añadir que también urge...
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