«¡Morfinaaaaaa!», aúlla Maxi en español cuando le extraen metralla del cuello y le perforan el tórax para que pueda respirar. Mientras, las manos de Cigüeña retiran pequeños fragmentos de hueso del interior de su tibia destrozada. «Amigo», susurra Yura regulando la anestesia... y usando la única palabra que conoce en castellano. Y añade en ucraniano: «Tranquilo, no estás solo». Tanto Yura como Cigüeña eran sanitarios civiles sin experiencia militar y, ahora, a las dificultades típicas de un conflicto se suma otra cada vez más común: atender a pacientes en español. Según datos del propio Ejército ucraniano, los latinoamericanos representan ya el 40 por ciento de los combatientes extranjeros peleando en sus filas. «La formación aquí es buena. La paga, mejor»,...
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