La
Euroliga vive sus horas más decisivas. Lo que debía ser una reunión rutinaria de dos días en
Barcelona se ha transformado en una maniobra de supervivencia. La competición busca recuperar el control del relato ante la presión de los clubes y la sombra alargada de la
NBA, y ya hay una víctima señalada: Paulius
Motiejunas.
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