Son maestros de la distracción. Como no tiene que preocuparse de gobernar sino sólo de mantener el poder, el sanchismo se ha especializado en la política espectáculo, un género cuya base consiste en mantener la atención del público-electorado mediante continuos giros de guion, cambios de escenario y demás recursos dramáticos. Una mezcla de narrativa y de teatro, de trucos comunicativos destinados a dominar la conversación pública a través de la propaganda y el relato. Es fácil, aunque la oposición no acaba de hacerse cargo: una vez descartada la necesidad de gestionar asuntos de Estado basta con convertir cada decisión en un elemento de debate capaz de polarizar a la sociedad, desconcertar a los adversarios y achicar el campo al diálogo....
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