En 1983, un hombre italiano llamado
Silvano viajaba por el mar Mediterráneo en un crucero cuando empezó a tener síntomas extraños: sudaba hasta empapar su camisa, tenía las pupilas contraídas y los ojos vidriosos. Tampoco podía dormir, le subió la
presión arterial e hiperventilaba sin motivo aparente. Los mismos síntomas que presentaron su padre y su hermana poco antes de fallecer, inexplicablemente, a la mediana edad.
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