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Январь
2026

Reeducación socialista: no dejen que los niños se acerquen a los toros

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El toreo, la tauromaquia o, más comúnmente, «los toros», ha sido uno de los objetivos más atacados, casi como una obsesión, por parte de cierta parte de nuestra casta política. Hace pocos días, el Ministerio de Juventud daba inicio a una intentona para, a ser posible, eliminar a todas las nuevas generaciones que se puedan interesar por él. Un ejercicio de ingeniería social para dar carpetazo definitivo a esta práctica. De acuerdo con el Ministerio de Juventud e Infancia, encabezado por Sira Rego, el toreo representaría una suerte de abuso indirecto a los menores. Estos se verían, supuestamente, obligados o forzados por sus padres a asistir a eventos, las corridas, donde se haría gala de «violencia contra los animales», lo que podría causar en los más vulnerables «riesgos significativos para la vida y la integridad física y psíquica», así como problemas psicológicos graves, como falta de empatía o tendencias violentas. Para estas conclusiones se han basado en una recomendación formulada en 2018 por el Comité de los Derechos del Niño, de la ONU, que pidió a España «prohibir la asistencia de menores de 18 años» a este tipo de espectáculos. De tal manera, se ha incluido esta propuesta en la ampliación de la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, que reúne otras medidas como la obligación de escuchar a nivel judicial las declaraciones de los menores o el aumento de los años de prescripción para los delitos de abuso sexual enfocados en menores.

Ingeniería social

Más allá de lo desagradable que pueda resultar esta asociación, pues se equipara el toreo a delitos de máxima gravedad, la propuesta no es más que una continuación de una serie de iniciativas por parte del Gobierno para acabar con la lidia de forma completa. No olvidemos que en 2024 el ministro Ernest Urtasun suprimió el Premio Nacional de Tauromaquia afirmando que Cultura dejaba «de subvencionar con dinero público entidades que promuevan el maltrato animal». De la misma manera, el Gobierno se opuso en noviembre de 2025 a que esta actividad cultural fuese reconocida como «patrimonio inmaterial» por parte de la Unesco, una proposición no de ley que pretendía crear un consenso en el Congreso para impulsar esta actividad y que fuese reconocida como algo de valor cultural e histórico a nivel internacional.

También se ha visto un ataque sistemático contra figuras asociadas al toreo, desde acoso y comentarios malintencionados en redes o declaraciones públicas, hasta temas más concretos, como el ataque a las personas que defienden o disfrutan de esta expresión cultural. Recuerden que Ernest Urtasun declaró en 2024 que la sociedad española había evolucionado positivamente por estar «cada vez más en contra del maltrato animal y sus expresiones», tal y como definía al toreo. No obstante, esta propuesta es mucho más agresiva que las anteriores pese a ser, si se quiere decir así, menos directa que la prohibición de los premios. Aunque afirma que el objetivo de la ley no es «prohibir los toros», como declaró el pasado 27 de enero, lo cierto es que la ley atenta a un nivel mayor.

No es difícil pensar que la mayoría de gustos, costumbres o tradiciones son, casi por definición, adquiridos. En nuestra infancia y adolescencia imitamos, copiamos y nos acostumbramos a ciertas actividades y formas de ver el mundo y de actuar en él. Como decía el sociólogo francés Pierre Bourdieu, «el habitus es historia hecha cuerpo», y de las costumbres en la infancia desarrollamos nuestra forma de ver el mundo y nuestras prácticas en él. Tal como un niño puede aficionarse al tenis por jugar con su madre o padre los fines de semana, o al cine por ver películas, lo mismo ocurre con el toreo.

Esta normativa, más allá de la supuesta y muy discutible protección a los menores, busca realizar un ejercicio de ingeniería social, cortando la cadena de transmisión de padres a hijos. Si los niños o adolescentes no conocen el toreo hasta ser adultos, es poco probable que desarrollen no solamente afición, sino simplemente comprensión. Se podría convertir, como parece ser el objetivo de la mencionada ley, en un aspecto meramente folclórico, como puede ser, por ejemplo, para un navarro los vestidos flamencos, algo divertido, sí, pero que difícilmente defendería hasta las últimas consecuencias o se interesaría por ello fuera de momentos bastante concretos en su vida.

Esta ley es, en resumen, el intento de estocada final contra el toreo en España. Y es que parece probable que, viendo el apoyo que esta actividad todavía tiene, la mejor solución que se les haya ocurrido, que no por ello menos inteligente, es eliminar la posibilidad de que en el futuro siga siendo apoyada. Un ejercicio de ingeniería social bien dirigido que pretende acabar con una parte imborrable de nuestra Historia y actualidad. Parece que será un año duro para el toreo.















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