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Январь
2026

Platón: "La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos"

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Platón, uno de los pilares de la filosofía occidental, lanzó un diagnóstico sobre el alma humana que sigue siendo relevante en pleno siglo XXI a partir de la frase: "La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos". No era un simple reproche moral, sino que el filósofo apuntó a una dinámica psicológica y social: cuando los deseos crecen sin freno, la sensación de carencia se instala aunque los bienes materiales aumenten.

Platón, pilar del pensamiento occidental

Este filósofo nació en Atenas y fue discípulo de Sócrates. Platón fundó la Academia y articuló buena parte del corpus que ha dado forma al pensamiento occidental. Sus diálogos exploran la justicia, la virtud, la organización política y la naturaleza del deseo humano. Su trayectoria ayuda a entender por qué su observación sobre la pobreza no es un comentario económico al uso, sino una reflexión sobre lo que verdaderamente empobrece a una vida.

¿Qué quiso decir exactamente con la frase?

La frase distingue entre dos tipos de escasez: la material y la existencial. Para Platón, la riqueza externa puede crecer, pero si los deseos se multiplican (más comparaciones sociales, más expectativas) la sensación subjetiva de pobreza se mantiene o incluso se intensifica. El problema no es solo tener menos, sino querer más de lo que es necesario. Su afirmación señala la trampa de medir el bienestar exclusivamente por la acumulación de bienes o por el dinero.

Deseo, moderación y buen vivir: los pilares de Platón

La ética de platón se basa en una idea: la moderación es una virtud que regula los impulsos y evita que el deseo desplace la armonía del alma. Multiplicar los deseos genera inquietud, competencia y fractura social; moderarlos permite atender lo esencial y cultivar bienes internos, como la amistad, el conocimiento, o la justicia, que no se deprecian con la abundancia material. La pobreza, desde esta perspectiva, es más un estado que una mera condición económica.

Así se aplica esta frase en pleno siglo XXI

La reflexión de Platón encaja de forma inquietante con los fenómenos que se dan en la actualidad como la cultura del consumo, la publicidad constante y las redes sociales. Estos fenómenos amplifican los deseos al crear modelos inalcanzables de vida. La multiplicación de necesidades artificiales genera una sensación generalizada de carencia incluso en sociedades ricas. Aplicar la lección platónica implica cuestionar esas dinámicas: revisar hábitos de consumo, priorizar lo que aporta sentido y reducir la influencia de estímulos que alimentan deseos sin fin.

La frase también afecta a la política. Su reflexión sugiere que las medidas que solo aumentan la renta disponible no bastan si no se acompañan de medidas culturales y educativas que fomenten la moderación y el bienestar subjetivo. Programas que impulsen la educación cívica, el acceso a la cultura, y espacios comunitarios para la convivencia pueden ser tan cruciales como el dinero para disminuir la sensación de precariedad.

Una invitación a la reflexión personal

La observación de Platón también es útil para mirar hacia uno mismo como un ejercicio de revisar deseos y prioridades: ¿qué necesito realmente?, ¿qué busca colmar ese anhelo permanente? Responder sincera y periódicamente a esas preguntas contribuye a reducir la pobreza interior que nace de la comparación constante y la ambición desmedida.

La frase de Platón recuerda que la verdadera felicidad combina el dinero con una mirada interior que sabe limitar deseos y cultivar aquello que no se compra. En un mundo donde la oferta se multiplica, su advertencia es clave: moderar lo que deseamos es una de las vías más directas para dejar de sentirnos pobres.















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