Por Carlos Losilla. Una vez superada la década de los cuarenta, el cine español cambió para siempre. El primer decenio de la dictadura franquista quedaba atrás y, con él, un cierto cine autárquico, aislado, al margen de la evolución que estaba experimentando el arte de las imágenes en movimiento en el resto del mundo. Es cierto que los primeros cincuenta aún vieron el esplendor de las epopeyas históricas promovidas por la productora CIFESA, de «Agustina de Aragón» (1950) a «La leona de Castilla» (1952) como ya destacó José Ignacio Pernas en un primer texto para Rinconete, pero también lo es que en 1951 se estrenaron dos películas en las antípodas de aquel cine de propaganda imperial tan proclive a la retórica abstrusa y el cartón piedra. [...]