Y tuvo calambres y vómitos. Y sufrimiento físico e inquietudes. Y nervios y un rival excelso al otro lado de la red, pero miró a su nuevo entrenador, Samuel López , y lo confirmó: lo voy a hacer. Así se presentará Carlos Alcaraz en la final del Abierto de Australia, con todo en contra durante casi dos horas de partido, pero con un factor a favor: su creencia infinita e inagotable en sí mismo. Antes, con Juan Carlos Ferrero guiando su carrera; y ahora, con López y el resto del nuevo equipo en una esquina de la pista australiana. «Es uno de los partidos más exigentes que he tenido en mi corta carrera. Pero, sinceramente, no me he visto muerto...
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