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Январь
2026

Del lujo al camuflaje: fin de la era de mansiones y corridos en el bastión del Cártel de Sinaloa

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Culiacán dejó de ser el mismo desde que estalló la guerra entre grupos delictivos el 9 de septiembre de 2024. Aunque el quiebre real comenzó antes, el 25 de julio, cuando Ismael El Mayo Zambada fue traicionado por Joaquín Guzmán López y entregado a Estados Unidos.A partir de ahí, algo se rompió por dentro: no de golpe, sino a través de una transformación silenciosa, lenta y profunda.MILENIO ha identificado que hoy el crimen organizado ha optado por el camuflaje. La ostentación dio paso a la discreción. Ahora circulan en vehículos compactos, motocicletas y unidades sin blindaje visible. Las ejecuciones se volvieron más selectivas, los ataques más quirúrgicos, diseñados para pasar desapercibidos entre la rutina diaria.Pero el golpe más profundo ha sido interno. La muerte constante de pistoleros, mandos medios y operadores ha obligado a las facciones a un reclutamiento errático, acelerado y cada vez más precario. Jóvenes sin experiencia, adolescentes y, en muchos casos, menores de edad han sido incorporados a las filas criminales como carne de cañón.Una estructura criminal que cambiaEl saldo es devastador: cerca de 60 menores han fallecido en medio de la guerra y alrededor de 100 se encuentran actualmente detenidos. El contraste es brutal: antes del estallido del conflicto criminal, apenas cinco menores se encontraban en internamiento por delitos relacionados con esta dinámica.Son numerosos los casos de individuos que llegaron a Sinaloa en busca de trabajo y terminaron absorbidas por la maquinaria del crimen o atrapadas en zonas de fuego cruzado. Muchos de ellos ya no regresaron a casa. La guerra no solo se cobra a quienes la pelean: también devora a las personas que solo buscaban una oportunidad.En paralelo, el imaginario del narco también se ha desmoronado. Las figuras que antes vivían en casas ostentosas, rodeadas de lujos —esas que durante años alimentaron corridos y leyendas— hoy prácticamente han desaparecido del paisaje urbano. Los delincuentes ahora se refugian en hoteles, casas de paso o campamentos improvisados en la periferia. El poder ya no se exhibe: se esconde.​Un cambio en la geografía de las ciudadesEl impacto material en la ciudad es inocultable.Cientos de negocios muestran aún las huellas de la guerra: impactos de bala en fachadas, cristales reventados, cortinas metálicas perforadas. Decenas de empresas se han replegado oretirado de la región por motivos de seguridad, debilitando sectores económicos completos. Al mismo tiempo, una nueva dinámica emerge: comerciantes locales que, en medio del miedo,intentan reconstruir la actividad, reabrir cortinas, resistir.Los cercos de seguridad instalados en distintos cuadrantes de Culiacán y en otras ciudades donde el conflicto ha sido más notorio mantienen una presión constante. Zonas vigiladas por fuerzas federales y estatales, retenes permanentes, patrullajes mixtos día y noche. Este cerco ha reducido el margen de maniobra de los grupos delictivos y los ha obligado a reinventar su logística, rutas, células y métodos de operación.A lo largo de este año de guerra, los grupos han ganado y perdido territorios de forma intermitente. Cada avance ha sido seguido por un repliegue, y cada repliegue por un nuevo estallido de violencia. En los primeros meses, el conflicto se concentró en el oriente de Culiacán y en la entrada sur de la ciudad; después, con el reacomodo de fuerzas, la violencia migró hacia el norte, una zona históricamente más tranquila. La guerra no se extinguió: se desplazó.En este reacomodo también ha quedado al descubierto que algunas células están recibiendo apoyo externo como parte de nuevas alianzas tejidas en medio de la guerra criminal. Sin embargo, los operativos policiacos y militares han permitido detectarlas y, en varios casos, neutralizarlas. De manera paralela, se han desmantelado narcolaboratorios, centros de producción y áreas de concentración, golpeando de forma directa las finanzas de las células delictivas. Ya no solo se les disputa el territorio: ahora también se les erosiona el dinero, la base real de su poder.¿Cómo evolucionó la guerra entre chapitos y mayitos en Sinaloa?En la primera etapa del conflicto, el miedo se instaló hasta el fondo. La vida cotidiana se volvió cautelosa: la gente pensaba dos veces antes de salir de noche, muchos negocios bajaban la cortina más temprano de lo habitual y en las calles se impuso una desconfianza muda, esa de mirar de reojo sin saber quién es quién. Cambió la forma de caminar, de manejar, de detenerse en un semáforo. El miedo dejó de ser una noticia y pasó a ser parte de la rutina.Con el paso de los meses, sin embargo, el ambiente empezó a moverse. La presencia de las autoridades, los operativos constantes y una sensación de mayor control fueron abriendo poco a poco los espacios. La gente volvió a salir más, reaparecieron los eventos, los bazares, las actividades deportivas, las caminatas, las reuniones. No es que el temor haya desaparecido, pero ya no domina cada decisión. Culiacán, con cautela, empezó a reconquistar su propia calle.Y al mismo tiempo, en el fondo, cambió también la manera en la que se mueven, operan y sobreviven las células de lo que alguna vez fue el poderoso Cártel de Sinaloa. Lo que antes parecía una estructura sólida, con jerarquías claras, control de territorios y reglas internas, hoy es un rompecabezas de grupos fragmentados, obligados a improvisar, a esconderse, a moverse con sigilo, como piezas sueltas de una maquinaria que no se rinde, una que aún lucha por echar a andar su engranaje. En Culiacán, la paz no ha sido conquistada, pero sí transformada. De acuerdo con fuentes de seguridad, los grupos criminales han tenido que modificar de fondo sus dinámicas operativas.En la primera fase del conflicto, que comenzó en septiembre de 2024, la lógica era de exhibición de poder: convoyes de camionetas, vehículos blindados, armamento de alto calibre y presencia abierta en calles, carreteras y comunidades. El mensaje era directo: control territorial a través del miedo.Ese modelo comenzó a romperse bajo la presión de los operativos federales y el reforzamiento militar.MD














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