La tesis del ministro de Transportes, Óscar Puente, según la cual el trágico accidente de Adamuz fue un suceso imprevisible se desmorona con el paso de los días y las revelaciones sobre la lamentable conservación de gran parte del trazado de la alta velocidad. Cada nueva información apunta a que Adif era consciente del riesgo existente en ese tramo de la vía de la línea en Andalucía. La prueba más concluyente es el informe que hoy publica este periódico, en el que técnicos alertaban de posibles fallos en las soldaduras que podían provocar la rotura de la vía y un descarrilamiento, exactamente lo ocurrido en Adamuz según la principal hipótesis de la investigación que costó la vida a 46 personas. La versión de la mala fortuna como causante del desastre, destinada a exonerar al Ejecutivo de su responsabilidad, resulta ya insostenible hasta para los argumentarios más retorcidos. Lejos del triunfalismo y la complacencia de Puente en su comparecencia del jueves en el Senado, las cosas pudieron hacerse muchísimo mejor si se hubieran atendido las alertas lanzadas por los técnicos.