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Январь
2026

La Armada acelera su defensa de punto, pero falta una pieza clave en sus buques

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Los planes de modernización y desarrollo de la Armada Española han incorporado en los últimos años proyectos de I+D+i centrados en sensores, sistemas electroópticos y capacidades antimisil. En paralelo, se ha licitado parte de una necesidad operativa urgente conocida como lanzador embarcado, concebida para integrar sensores y armas en la defensa cercana de los buques. Sin embargo, el proceso solo ha cubierto la parte sensórica.

Esta primera fase permite detectar y seguir amenazas aéreas mediante sistemas electroópticos, desde aviones y helicópteros hasta misiles y drones, incluyendo drones de superficie. El resultado es una mejora sustancial en la conciencia situacional, pero incompleta desde el punto de vista operativo, ya que no va acompañada de un efector cinético artillero específico.

Una defensa de punto incompleta

El sistema adjudicado se integra de lleno en la doctrina de guerra antiaérea naval, especialmente en los conceptos de Anti Air Warfare (AAW), Anti-Ship Missile Defence (ASMD) y Close-In Weapon System (CIWS). También tiene un papel relevante en la guerra de superficie (ASUW) y en la respuesta frente a amenazas asimétricas.

En todos estos ámbitos, la planificación española contempla medios hard kill y soft kill. Los primeros incluyen misiles y otros efectores cinéticos, mientras que los segundos se basan en la guerra electrónica, la perturbación y el engaño. Sin embargo, en ninguno de los programas actuales se ha priorizado el efector artillero CIWS, a pesar de ser una de las soluciones más económicas y versátiles.

Misiles frente a drones: un desequilibrio doctrinal

Para amenazas de alta velocidad y largo alcance, como misiles antibuque o aeronaves de combate, el uso de misiles defensivos es incuestionable. Requiere detección temprana, seguimiento preciso y asignación correcta del arma. El problema surge cuando estas mismas soluciones se aplican contra helicópteros o drones de bajo coste.

En esos casos, recurrir a misiles supone un gasto desproporcionado y una respuesta doctrinalmente discutible. En escenarios donde el adversario emplea enjambres de drones baratos pero tecnológicamente avanzados, el equilibrio entre coste y efectividad se vuelve crítico.

La experiencia internacional marca el camino

España no parte de cero. En el pasado desarrolló el sistema Meroka, un arma artillera CIWS que acabó considerándose un fracaso por limitaciones tecnológicas y de concepto propias de su época. Desde entonces, el contexto operativo ha cambiado radicalmente.

En la US Navy, la mayoría de los buques incorporan sistemas CIWS artilleros como el Phalanx, complementados en algunos casos por soluciones mixtas como SeaRAM. En Europa, la marina neerlandesa confía en el Goalkeeper, mientras que otros países emplean su artillería principal y secundaria con munición y calculadores balísticos optimizados para defensa de punto.

Qué define a un CIWS artillero moderno

Un sistema CIWS artillero de nueva generación debe reunir varias características clave:

  • Alta cadencia de tiro mediante configuración Rapid Gun Fire (RGF).
  • Sistemas de aprovisionamiento rápido y gran capacidad de munición.
  • Sensorística electroóptica de alta precisión para seguimiento terminal.
  • Calculador balístico avanzado integrado en el sistema de combate del buque.

Este tipo de arma no solo es eficaz contra misiles en la fase final, sino también contra helicópteros, drones aéreos y amenazas de superficie, incluidos drones navales empleados en guerra asimétrica.

Un proyecto nacional que no llegó a materializarse

Hace algunos años, una empresa española especializada en armamento inició un proyecto de I+D+i para desarrollar un CIWS artillero nacional. El concepto, adelantado en 2019 y 2021, se basaba en un arma rotatoria de 25 mm con elevada cadencia de tiro, sensorística electroóptica propia y gran capacidad de almacenamiento de munición.

Según la información disponible, el proyecto se encuentra actualmente paralizado o descartado. Su cancelación deja a la industria nacional sin una solución propia en un ámbito donde la demanda internacional está creciendo de forma sostenida.

La pregunta que sigue abierta

La industria de defensa española ha demostrado en los últimos años una capacidad tecnológica muy superior a la existente en la época del Meroka. Sistemas de combate, sensores, misiles y plataformas navales de última generación avalan ese salto cualitativo.

En este contexto, la ausencia de un CIWS artillero nacional plantea una cuestión de fondo: si es viable desarrollar soluciones complejas en otros dominios, ¿por qué sigue sin materializarse un arma de defensa de punto artillera moderna, integrada y competitiva?

La respuesta a esta pregunta no es solo industrial, sino también doctrinal y estratégica. Resolverla permitiría a la Armada disponer de una defensa más equilibrada, económica y eficaz, y abriría a la industria española un mercado con un horizonte de crecimiento claro en el ámbito internacional.















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