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Январь
2026

George Washington, la democracia y mi pueblo, San Ramón

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Hace unos días, caminando por el hermoso pueblo de San Ramón, tierra que se ha caracterizado por sus personas buenas, trabajadoras, luchadoras, pensantes y solidarias, me detuve a admirar la Escuela Jorge Washington.

Durante años, desde mi casa –ubicada en su costado sur–, escuché el timbre que anunciaba las horas de entrada y salida, así como el recreo, y vi a niños y niñas jugando y formándose, al tiempo que estaban bien cuidados, alimentados en su comedor y recibiendo educación de calidad, de esa que –hoy lo sabemos– fue mejor que la actual.

Entonces, me puse a pensar en el presidente George Washington y en por qué esta bella escuela lleva su nombre. Les comparto algunas ideas y planteamientos político-sociales muy valiosos con los que este presidente estadounidense contribuyó a moldear la democracia moderna, esa misma que hoy está siendo amenazada.

El poder es prestado, no propio

En una república, el poder viene del pueblo y es temporal. Washington renunció voluntariamente al mando del ejército después de la guerra de Independencia. Luego, dejó la presidencia tras dos mandatos, aunque podía continuar. Una república no sobrevive si los líderes se sienten indispensables. Sentó el precedente de la alternancia pacífica del poder, pilar de cualquier democracia que aspire a durar más de un par de décadas.

La ley está por encima de las personas

Washington insistía en que la Constitución es la autoridad suprema. Los cambios deben hacerse por vías legales, no por impulsos populares ni por ideas impuestos por líderes carismáticos. Si la emoción colectiva reemplaza a las reglas, la república se convierte en turba… y luego, en tiranía. Para él, la facción extrema era un atajo hacia la polarización, el odio político y, por supuesto, el debilitamiento del sistema.

La unidad nacional es un asunto de supervivencia

Washington repetía que la unión entre estados y ciudadanos no era solo deseable, sino esencial. Para él, la democracia no resiste si cada grupo defiende únicamente “lo suyo”.

Moral pública y educación como base de una democracia viable

El gobernante creía que la libertad política no se sostiene sola. Necesita ciudadanos con virtud cívica (responsabilidad, autocontrol y sentido del deber) y una educación que les permita comprender las leyes y el sistema. Sin eso, la democracia degenera en decisiones impulsivas, manipulación emocional y líderes oportunistas.

Desconfianza hacia el poder concentrado

Aunque era presidente, temía el exceso de poder en cualquier rama. Defendía el equilibrio entre poderes y veía el gobierno como algo que debe estar limitado y vigilado. El problema no es quién gobierna, sino cuánto poder (y quiere) puede acumular.

Cuidado con las influencias extranjeras

Advirtió de que potencias externas podían financiar facciones, influir en decisiones internas y explotar divisiones.

¡Qué válidas y acertadas se me hacen las ideas de Washington en el momento político que estamos viviendo!

Por favor, pensemos en nuestra sociedad, nuestra paz, nuestra democracia y, sobre todo, en nuestra educación.

Vayamos a votar con responsabilidad. Si, en 1939, los ramonenses fundaron esta maravillosa institución y la bautizaron con el nombre de un verdadero demócrata y republicano, hoy, en 2026, todos y todas podemos y debemos defender estos pilares a lo largo y ancho del territorio nacional.

rocio.guzcer@gmail.com

Rocío Guzmán Cervantes es socióloga.















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