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Январь
2026

Gabro, Puente y Mazón

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Abc.es 
Alguien pensó que era una buena idea mandar a un pretor con escasa experiencia al mando de una milicia improvisada para acabar con la rebelión de unos esclavos que se habían escondido en el monte Vesubio. Cayo Claudio Gabro , que era el susodicho pretor, también pensó que no era necesario construir una empalizada ni reforzar la vigilancia cuando levantaron su campamento cerca de donde se ocultaban los esclavos. Aquello acabó como el rosario de la aurora cuando los esclavos, dirigidos por un tal Espartaco, se descolgaron por un acantilado y se lanzaron sobre unas milicias indefensas. Gabro fue de los pocos que sobrevivió al ataque, pero tuvo que huir, al estilo de Pedro Sánchez en Paiporta. Ignoro cómo sería la comparecencia de Gabro ante el Senado que le otorgó el mando de la milicia, pero en ningún caso me lo imagino diciendo que no es que lo hubiera hecho bien, sino muy bien, ni justificándose aludiendo a que otros generales romanos habían sufrido derrotas más importantes que la suya. Cuarenta y seis muertos después del accidente ferroviario de Adamuz y esto es lo que hemos tenido que escuchar en la comparecencia del ministro Óscar Puente en el Senado. Ningún rastro de análisis real de los errores cometidos; ninguna autocrítica sobre las informaciones falsas vertidas desde el propio ministerio, con datos que se desmienten una y otra vez. Solo le ha faltado insinuar que los culpables del accidente han sido los viajeros porque se movían demasiado. Puente sabe que difícilmente podrá justificar su gestión en el accidente, puesta en cuestión por los informes que publica este periódico. Así que debió de pensar que podía salvarse comparando su gestión con la del expresidente valenciano Carlos Mazón. Tiene razón: no es lo mismo lo que hizo uno que lo que hizo el otro. Pero, en primer lugar, porque Puente con quien quizá debería compararse es con la exconsellera de Emergencias, Salomé Pradas, y no tanto con el presidente de la Generalitat. Parece evidente que ni Gabro era el candidato adecuado para enfrentarse a la incipiente rebelión de Espartaco, ni Pradas ni su secretario autonómico estaban preparados para gestionar las emergencias, y, por supuesto, ni Ábalos ni Puente eran personas idóneas para dirigir un ministerio como el de Transportes. El día de la dana , Pradas tenía una organización de los servicios de emergencia bastante mejorable, y eso hay que anotarlo en su debe, pero, dado el poco tiempo que ocupó el cargo, también en el de sus predecesores de Vox y del PSOE. Para su desgracia, ese día, en los peores momentos, se produjeron además los silencios críticos de la Confederación y los de Mazón. Óscar Puente llevaba cuatro años como ministro y conocía perfectamente en qué se había convertido la gestión heredada de sus predecesores. Tampoco parece que fuera elegido por Pedro Sánchez por su capacidad de gestión, sino más bien por su habilidad para repartir insultos a diestro y siniestro . Y sí, Puente no se escondió en El Ventorro aquel trágico día. Pero la pregunta que no ha contestado es dónde estaba mientras se decidían los contratos de mantenimiento de las vías, cuya defectuosa ejecución y/o control parece que provocaron el accidente. Óscar Puente no fiscalizó adecuadamente las gestiones realizadas por su ahora encarcelado predecesor. De hecho, su auditoría, que pretendía justificar la contratación de las «sobrinas» de este, quedó rápidamente en evidencia, al igual que lo «integral» de la renovación de la línea férrea, el tiempo transcurrido desde la última revisión o la supuesta inexistencia de quejas por parte de los maquinistas. Ha tenido que dar sucesivas versiones sobre los mismos hechos, algo que, por cierto, también hizo Mazón. Mientras tanto, la izquierda y los sindicatos callan vergonzosamente . Ya estarían exigiendo dimisiones en la calle si Puente fuera del Partido Popular o de Vox. Los independentistas catalanes apenas han alcanzado a pedir su dimisión por el caos de la red de Cercanías en Cataluña, olvidando a los muertos del accidente sucedido en el sur de España. Por si faltaba poco, en tono chulesco, el ministro Puente ha afirmado que mirará a las familias de las víctimas cara a cara . No como el presidente Sánchez, que no acudió a la misa en su honor, ni como sus compañeros de Gobierno, que prefirieron entrar por una puerta de servicio con tantos escoltas que no se sabía si iban a una ceremonia religiosa o a tomar las playas de Normandía. Imagino a Gabro volviendo del monte Vesubio asumiendo que su prometedora carrera había terminado. Entiendo que Puente se habrá dado cuenta de que se ha caído de la carrera por la sucesión de Pedro Sánchez. Es posible que, cuando trate de escribir un tuit burlándose de alguno de sus rivales políticos, los fantasmas de los fallecidos en Adamuz le recuerden, aunque solo sea por un instante, que no es una buena idea. A pesar de todo, los socialistas tratan de suplir con comunicación sus carencias de gestión. Mientras tanto, el Partido Popular se disuelve como un azucarillo al primer lío. Si no, que se lo pregunten al alcalde de Alicante, Luis Barcala, que ha visto cómo una entrega de viviendas de VPO se ha convertido en un escándalo no explicado que se ha llevado por delante a la concejala de Urbanismo y a una directora general. Unos y otros, al final, eligen cada vez más a incompetentes Gabros para gestionar asuntos de enorme importancia y, cuando les explotan en la cara, se preguntan por qué. Coda. No entiendo el silencio del president Juanfran Pérez Llorca ni el de su combativo conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, cuando el candidato de su partido en Aragón ha cerrado la posibilidad de que los excedentes del Ebro puedan llegar algún día a nuestra comunidad. No se puede criticar al socialista García-Page por decir lo mismo y callar ahora. Si el Partido Popular quiere volver a ser un partido nacional de grandes mayorías, quizá debería darle una vuelta al tema del agua.














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