Quienes en la izquierda respiraron con alivio tras el funeral de Huelva porque habían salvado el temido golpe volcánico de una víctima gritándoles «¡asesinos! ¡hijos de puta!» sin duda tienen motivos para el alivio, pero por otro lado no habrán entendido nada. En efecto, no se repitió el espectáculo desgarrado del homenaje de Estado de la dana en Valencia, con esos gritos ásperos rompiendo la solemnidad funeral. Pero no se repitió por dos razones, ambas pertinentes. La primera, porque la derecha no ha alentado en las víctimas un movimiento oportunista para usarlas como arma política. La segunda, porque Andalucía es más de responder con un silencio que golpea por dignidad, no por decibelios. Quienes estaban en ese funeral religioso, entre...
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