La meteorología es caprichosa y su mecanismo, todavía, un enigma inextricable. Los científicos llevan décadas intentando cogerle el tranquillo, pero hasta ahora ha sido en vano. Así que se limitan a lo que pueden: constatar evidencias y describir efectos. Por eso suelen acertar cuando anuncian lo que va a pasar mañana o pasado y no tanto si el augurio es a más largo plazo. A finales del año pasado, por ejemplo, pronosticaron un otoño con precipitaciones por debajo de la media, seguido de un invierno que sería igual de seco, y henos aquí batiendo récords de litros por metro cuadrado. No para de llover. La gente, una mijita harta, lleva semanas preguntándose a qué viene tanta agua; y puede que...
Ver Más