Se anuncian temperaturas heladas este fin de semana. No saldré de casa. Me arroparé masivamente. Dormiré con tres pares de medias polares, zapatos puestos y dos pijamas, una sobre la otra. Sin embargo, no encenderé la calefacción. Si los ductos del aire acondicionado expulsan aire caliente, no podré dormir con placidez, me secaré como un árbol en otoño y enfermaré. Mi cuerpo diezmado repele todos los aires acondicionados: si son fríos, duermo mal, y si son calientes, también. Es bastante insólito que en esta isla tropical la temperatura baje a cero grados centígrados. Exagerado como he sido desde niño, siento que mi existencia se encuentra amenazada por el frío insidioso que en los próximos días se deslizará en mi cuerpo,...
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