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Eduardo Millares Sall, el artista canario que caricaturizó las miradas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX

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Un libro recopila medio millar de caricaturas de ‘Cho Juáa’, testimonio en tinta de historia isleña, entre la ternura, la crítica y la socarronería

Un caricaturista es, aplicando el trazo grueso, un mediador entre el alma y el rostro humano, que trasciende la realidad y la deforma para que el espectador llegue a su obra sin prejuicios formales. Eduardo Millares Sall (1924-1992), conocido popularmente como Cho Juaá —pseudónimo de sus obras—, perteneciente a una familia de poetas, pintores y folcloristas, eligió el noble arte de inmortalizar en la caricatura y la viñeta publicada diariamente en prensa lo que había más allá de lo que por las noticias se sabía de aquellos políticos, artistas, deportistas, periodistas o personajes de los barrios que ocupaban efímeras esquinas en secciones que caducan a las 24 horas.

Y lo hizo sin crueldad -cualidad de los grandes humoristas- y con ternura -cualidad de las grandes personas-, a todo aquel que jugara un papel relevante en la Canarias de la segunda mitad del siglo XX. Hoy todos esos trabajos se encuentran a buen recaudo en el libro ‘Eduardo Millares Sall. Caricaturas’, editado por Ediciones Idea y la Fundación Canaria Cine+Cómics, fruto del trabajo de recopilación de su hijo, también llamado Eduardo, que ha reunido la dispersa obra de su padre buscando en hemerotecas, carpetas privadas y archivos familiares.

“Eduardo Millares Sall no dibujaba desde la distancia del artista encerrado en su estudio, sino desde la cercanía del hombre que observa la calle, escucha los ruidos y silencios del mundo y traduce en gesto lo que siente”, expone en el prólogo ‘Línea y forma: una memoria de Canarias’ el periodista Francisco Pomares.

Quienes le conocieron y charlaban con él cada día antes del cierre en papel del ‘Diario de Las Palmas’, en refugios improvisados de la ciudad como el Bar Perojo o la Librería Abreu, le describen como un hombre “bueno y tranquilo”, que en el jeito de unir tres trazos ya contaba una historia humana, quizá por aquella admiración genuina que sentía por las personas, desprovista de vanidad.

Reconocido en 1965 con el Baifo de Oro, en 1968 volvió a poner en marcha —después de una primera etapa durante 1942 y 1943— el que sería el único semanario de humor permitido por la dictadura franquista en Canarias: ‘El Conduto’.

Para Míchel Jorge Millares, periodista y sobrino del caricaturista, Cho Juaá no solo se limitó a retratar a personalidades ilustres o a ese entramado llamado intelectualidad en el que a veces quedan ensimismadas las personas. Según cuenta en una columna de análisis publicada este mes de enero en la cabecera heredera del periódico que alojó estas caricaturas, ‘La Provincia’: “También recoge a numerosos trabajadores del mundo de la hostelería y la restauración, e incluso personajes de la bohemia y la marginalidad, a quienes trató con un cariño muy especial, como Lolita Pluma o Pepe el limpiabotas, figuras de un pasado sorprendente e irrepetible”.

Proyección de la obra fuera del Archipiélago

Su obra fue también incluida en exposiciones internacionales organizadas por la Agrupación Vanguardista Hispana de Caricaturistas Personales, dirigida por Luis Lasa, agrupación en la que ingresó en 1957. En 1962 participó en muestras celebradas en Manila (Filipinas), Tokio y San Francisco (Estados Unidos).

A partir de 1969 comenzó su colaboración con el grupo Los Gofiones. Una década más tarde, en 1979, formó parte del Primer Encuentro de Humoristas Gráficos celebrado en Granada, junto a destacados dibujantes como Mingote, Forges, Pep Roig, Máximo, Martín Morales, Mena, OPS, Julio Cebrián, Pablo y Cesc.

Durante la década de 1980 continuó desarrollando nuevos proyectos y participando en exposiciones hasta que, en 1989, su salud comenzó a deteriorarse y, tras la muerte de su esposa, Otilia Ley Arocena, en septiembre de 1990, su estado empeoró y, tan solo dos años más tarde, falleció. 

El 16 de marzo de 2013 fue reconocido en su ciudad natal como Hijo Predilecto de Gran Canaria, y el 22 de junio del mismo año recibió también -a título póstumo- el nombramiento de Hijo Predilecto de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Mirar desde las islas

En esta edición se han recopilado unas 600 caricaturas, ordenadas en trece apartados donde se distinguen personajes del mundo de la cultura, artistas, la familia del artista, sus amigos, colaboradores de ‘El Conduto’, periodistas de Canarias, políticos, “gente de La Corte”, “gente del mundo”, famosos, deportistas o, el más seductor, el capítulo dedicado a personas sin identificar.

El escritor Benito Pérez Galdós, el artista multifacético César Manrique, los pintores Felo Monzón o su hermano Manolo Millares. También caricaturas del rey emérito cuando era solo rey, del político Fernando Sagaseta, de Juan Negrín. De amigos del humor gráfico como Forges, de una Margaret Thatcher con rostro de hierro, de un Fidel Castro con nariz de puros.

La propuesta es un acercamiento a medio siglo de historia de Canarias, pero también una aportación sobre cómo se vio desde las islas ese cachito de historia del mundo, desde lo que encierran conceptos como ultraperiferia, insularidad o turismo neocolonialismo, combatidos en esa intimidad socarrona de cada hogar canario, donde la identidad, como el junco, se dobla antes de partirse.















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