Si yo estuviera en su pellejo, haría lo que ellos: emigraría, huiría de la pobreza. Lo intentaría al menos; aquello de Jefferson sobre la búsqueda de la felicidad, el ansia por una vida mejor. Somos nosotros y no ellos los responsables de las consecuencias fatales de la inmigración. Lo intentan porque compensa, porque ven una oportunidad, porque las fronteras son un coladero. El fallo es del Estado, nuestro, y antes que regularizar nuevas bolsas de extranjeros toca cerrar el grifo, sellar las vías de agua, cortar la raíz del problema: la entrada masiva, ilegal y descontrolada. Pero Sánchez con la regularización no pretende resolver el caos migratorio sino aplazarlo, incorporando el caos al conjunto del sistema, para retener el apoyo...
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