EL pensamiento razonable puede ponderar ventajas e inconvenientes de una regularización masiva de inmigrantes. Calibrar, de una parte, la conveniencia de aflorar empleos de economía sumergida integrándolos en los mecanismos de cotizaciones sociales –hacer normal algo que ya lo es en la calle, que diría Adolfo Suárez–, y de otro lado el indiscutible efecto llamada que ejercerá sobre unas fronteras sometidas a tensiones muy graves. Pero en la política actual no queda margen para ninguna clase de pensamiento razonable, sustituido por la prioridad inmediata de los cálculos electorales. De tal modo que la decisión no tiene tanto que ver con los intereses de la nación ni con el bienestar de los inmigrantes como con las conveniencias particulares de Pedro Sánchez....
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