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Dos a tres caídas contra la piratería: luchadores buscan respaldo en leyes de propiedad industrial

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En México, los luchadores no solo arriesgan su físico en el ring. Fuera de él, enfrentan un robo sistemático: el de su propia identidad. Durante décadas, empresas y promotores han registrado a su nombre los personajes que los gladiadores crearon en la lona, mientras en la banqueta se comercia con sus máscaras sin que reciban un peso.Hoy, por primera vez, leyendas del cuadrilátero buscan un árbitro: las leyes de propiedad industrial.“Tienes actuando 4, 5 años, estás sobresaliendo. Una empresa te ve, te manda llamar, dice: 'Fírmale aquí, este nombre tuyo me corresponde para poderte dar trabajo y hacerte estrella de la lucha libre’. Si, mira, nada más”, relata el ícono Dos Caras. “Eso pasa y eso sucede… En nuestra época no era así. Es un atraco”.MILENIO conversó con tres gladiadores que han dejado más que sudor en el ring —Dos Caras, El Fantasma y Super Elektra—, quienes libran ahora una batalla en los escritorios.Al otro lado del ring, Santiago Nieto, titular del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), expuso una hoja de ruta. No descarta un acercamiento con las promotoras, ni operativos en el comercio informal, para alcanzar acuerdos que beneficien al luchador.En entrevista, enfatizó que desde la dependencia de la Secretaría de Economía, “La idea del IMPI no es solo que registren, sino que produzcan riqueza”.No se trata solo de proteger, sino de darles herramientas para que su patrimonio, por fin, les pertenezca. Un acompañamiento con industrias del juguete o de los videojuegos que podría incluir sus máscaras y formalizar su mercancía.Ganarse el nombreLa historia de Dos Caras comienza en San Luis Potosí, con la "ilusión de ser luchador en la arena". Esa ilusión lo llevó a ser campeón universitario y luego a Guadalajara, donde aprendería del Diablo Velazco, y finalmente a debutar en la Ciudad de México en 1970, en una época donde "había una sola empresa, muy difícil", recuerda.Habla de glorias de ring y de la pelea constante fuera del cuadrilátero por ganarse el nombre:"Eso siempre ha ocurrido desde que tengo memoria y desde que empecé como luchador", dice.“El compañero, por la ignorancia, la juventud, que le den la oportunidad para subir al ring en determinada arena, lo hace. Entregan su nombre, que a ellos solos les costó. Se lesionan, se lastiman, los ven que se lastiman y ni les regresan el nombre y les dicen 'adiós'."Tengo roto un bíceps, tengo roto el otro bíceps, tengo una operación en la cabeza, en un codo, prótesis de tobillo… y dicen que mi profesión es de mentiritas. Me da risa, pero es una gran verdad."Es un mundo donde la tradición oral (el permiso del padre) choca con la ley (el registro oficial), y pierde quien no conoce las reglas.“Las empresas van y registran los nombres y cuando vienes aquí, ya está registrado tu nombre”. Relata El Fantasma un caso emblemático: “Como el problema que tenemos con un compañero que su papá le da permiso a otro muchacho de que se ponga jr., pero resulta que ellos no sabían de registro. El muchacho se puso abusado, fue al Indautor y vino aquí y ya lo dejó registrado. Ahora le está diciendo al hijo que no puede usarlo”, explica este luchador veterano, hoy presidente honorario de la Comisión de Lucha Libre Profesional de la Ciudad de México.—¿Y qué pasa con los que llevan años usando un nombre en una empresa?“Muchos luchadores tienen problemas con sus nombres porque hay unos que desde un principio te dicen ‘el nombre no es tuyo, si te vas lo tienes que dejar’. Dices ‘bueno, pues sí’, pero ya eres famoso… y dicen que el nombre es mío”. Es la trampa perfecta: usas tu talento para hacer valioso un activo que, legalmente, nunca fue tuyo.Con casi 50 años en el oficio, ha recorrido “cuatro de los cinco continentes” y hoy, desde un puesto “honorífico” —porque aclara— “el gobierno no me ha dado un quinto”, intenta armar una defensa común para el gremio.Hoy ve un avance concreto: “Reunir a la industria juguetera y de eso se trata, que nos apoyen para que nuestros productos sean oficiales. Vamos por muy buen paso”.En entrevista, Santiago Nieto habla de la defensa: “Lo primero sería el registro de marca”. Es el acto fundamental para que el luchador sea el dueño legal de lo que ya es suyo por esfuerzo. “Somos la instancia encargada de proteger la propiedad industrial… Aquí están en juego los nombres y las marcas”.“La idea del IMPI no es solo que registren, sino que produzcan riqueza”. Esto significa pasar a la ofensiva comercial. “El segundo paso es la asesoría, mesas de entendimiento con el sector industrial”. Habla de conectar a los luchadores con “textiles, calzados” e incluso “videojuegos que se están desarrollando en nuestro país”. La meta: que se les reconozca.Legado a 150 pesosUn viernes, a las 19:15 horas, afuera de la Arena México en la Doctores. La luz ya se fue, pero el espectáculo empezó hace rato en la calle. Un olor a cerveza, cebolla y cuerpos perfumados tapona el aire. De una cocina portátil, una nube se escapa de las papas fritas; en otro, el taquero plancha bien el suadero bajo un foco amarillento.Por las banquetas, un ejército de puestos improvisados forma una galería de héroes pirata. En los negocios de enfrente, las benditas micheladas y los cerillitos hacen del festival la antesala del ritual de gladiadores.En medio, está el Hombre de la Terminal, el revendedor. En taquilla es imposible conseguir boletos. En la banqueta, hay en todos los lugares. Tan fácil como revisar el mapa que trae en mano este personaje, y una vez acordado el precio —tres veces más caro— saca una pequeña máquina, pasa la tarjeta, levanta el brazo para alcanzar señal de internet y entrega los tickets.En los puestos cuelgan las máscaras de lycra: un Místico, o el Kemonito junto a una máscara rosa de luchadora sin dueño claro. "Llévesela, jefe, en 150", dice un vendedor a un turista con porte francés que mira, fascinado, el rostro de Máscara Dorada. Un grupo de estadounidenses ríe y paga sin regatear por luchadores de hule y playeras con calaveras.Pero estos luchadores no piden la erradicación del comercio, sino un modelo que reconozca al creador. “Tu ves una máscara donde sea, dices ‘luchador’… hay mucha piratería. Han tenido problemas varios compañeros, pero aquí ya va a estar controlada”, anhela El Fantasma.“Desde que tengo conocimiento veíamos los puestos de máscaras. De lo que se trata es que pongan orden, platicar con estas personas que venden productos… ‘tú vendes una en 100 pesos, danos un peso’”.Dos Caras sentencia: "Afuera de las arenas se ubican puestos de gente que comercializa este tipo de productos luchísticos y desafortunadamente nunca hemos tenido una participación." Ahí está el meollo: otros ganan con su imagen. "Aquí en el IMPI… nos están ayudando, que es muy difícil lograrlo."Consultado al respecto, Santiago Nieto no descarta un operativo, y es enfático en “sacar del mercado productos piratas” particularmente los que provienen de Asia.De ahí la propuesta Más allá del ringque se basa en tres acciones: ofrecer asesoría gratuita para que los luchadores registren sus nombres y máscaras como marcas legales; facilitar conexiones con industrias como la juguetera, textil y de videojuegos para desarrollar productos oficiales que les generen regalías.Santiago Nieto también adelanta una iniciativa legal para crear “perímetros de protección” de tres kilómetros alrededor de los estadios y eventos masivos, un intento por despejar la venta ilegal en los grandes eventos. Menciona operativos concretos en eventos como la Fórmula 1, y advierte que habrá operativos previos y durante el mundial de fútbol.Finalmente, les hace el llamado a los luchadores: “Es fundamental que registren sus marcas. Su nombre en sí es una marca y tienen derecho a explotarla de manera directa, y si quieren licenciarla, pueden hacerlo”.Super Elektra entra al quite. Su nombre no nació de la tradición o la herencia, sino del marketing de un influencer de la época, PromoAzteca. “Ellos patrocinaban, querían sacar un personaje de Tienda Electra. Yo me quedé con ese nombre”, relata.Con tres décadas en la lucha profesional, confía: “Nos están apoyando para que podamos vender nuestros productos: máscaras, tazas, gorras, equipos. Para que nuestros productos sean originales y se puedan vender en centros comerciales”.Y desde la tercera cuerda, lanza un azote de realidad que resuena como un golpe seco:“Nosotros, luchadores independientes, si luchamos comemos, si no luchamos no comemos. Eso nos va a generar algo extra para nosotros.”














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