Febrero es ese mes de transición en el que el cuerpo empieza a pedir un pequeño reajuste. Apetece volver a lo sencillo, a lo que reconforta sin pesar. Para mí, ese reinicio siempre empieza igual: con una sopa caliente, ligera y llena de verduras que preparo casi en automático cada año cuando llegan estos días. No es una sopa milagro ni una receta restrictiva. Es, simplemente, un plato de cuchara bien pensado, fácil de digerir y cargado de ingredientes que hidratan, nutren y ayudan a recuperar el equilibrio . Se puede comer varios días seguidos sin cansarse, acepta bien lo que tengas en la nevera y funciona tanto como cena ligera como primer plato al mediodía. Es una de esas recetas que no buscan impresionar, sino cuidar. Además, tiene algo casi ritual . Prepararla, dejar que hierva a fuego suave y servírtela bien caliente marca un punto de inflexión: comer mejor, con más atención, y volver a escuchar lo que el cuerpo necesita en esta época del año. Pica la cebolla, el puerro y el apio en trozos pequeños. Sofríelos en una olla amplia con el aceite de oliva a fuego medio hasta que estén blandos, sin que lleguen a dorarse. Añade las zanahorias y el calabacín cortados en dados, rehoga un par de minutos y vierte el caldo caliente. Incorpora los garbanzos , una pizca de sal y las especias si decides usarlas. Cocina a fuego suave durante unos 25–30 minutos , hasta que las verduras estén muy tiernas. Sirve caliente tal cual o tritura parcialmente si te apetece una textura más cremosa, ajustando de sal y pimienta al final. Mantén el fuego suave para conservar mejor el sabor natural de las verduras. Puedes variar las hortalizas según la temporada : col, espinacas o brócoli funcionan muy bien. Añadir un chorrito de limón justo antes de servir aporta frescura y mejora la digestión. Aguanta perfectamente en la nevera 2–3 días y está incluso mejor al reposar . Desde el punto de vista nutricional, es una sopa ligera, hidratante y rica en fibra , ideal para favorecer la digestión y aportar sensación de saciedad sin exceso calórico. Las verduras aportan fibra soluble e insoluble, que favorece el tránsito intestinal y ayuda a mantener estables los niveles de glucosa en sangre . La zanahoria y el puerro suman antioxidantes y compuestos bioactivos, mientras que el calabacín y el apio destacan por su efecto saciante con muy baja carga calórica. Los garbanzos, aunque en cantidad moderada, añaden proteína vegetal y minerales como hierro y magnesio , haciendo que la sopa resulte más completa y evite picos de hambre a corto plazo.