Aristóteles: “Aquellos que educan bien a los niños deberían ser más honorados que los que los producen”
Aristóteles, una de las voces más influyentes del
pensamiento occidental, dejó en esta frase una reflexión que trasciende su
tiempo y sigue interpelando a las sociedades actuales. “Aquellos que educan
bien a los niños deberían ser más honorados que los que los producen” resume
una idea central de su filosofía ética y política: traer una vida al mundo es
solo el primer paso, pero lo verdaderamente decisivo para el bienestar
colectivo es la calidad de la educación que reciben los futuros ciudadanos. La frase
pone el foco en la responsabilidad compartida de formar personas capaces de
vivir en comunidad.
Fundador del Liceo y maestro en el carácter humano
Aristóteles (384–322 a. C.), discípulo de Platón y tutor de
Alejandro Magno, desarrolló una obra que abarca desde la lógica hasta la
biología, pasando por la ética y la política. Fundó el Liceo en Atenas y dedicó
buena parte de su pensamiento a analizar cómo se forma el carácter humano. Para
él, la educación no era un asunto privado, sino un pilar del orden social,
indispensable para construir ciudades justas y estables.
Qué quiso decir exactamente con la frase
La frase establece una distinción clave entre el acto
biológico de engendrar y el proceso complejo de educar. Aristóteles subraya que
la educación implica tiempo, esfuerzo y virtud: enseñar a razonar, a convivir y
a actuar con justicia. Desde su perspectiva, quien educa bien contribuye de
forma directa al bien común, por lo que merece un reconocimiento social mayor
que quien se limita a procrear sin asumir la responsabilidad formativa.
La educación es la base de la vida cívica
En la ética aristotélica, la virtud se adquiere mediante el
hábito. Nadie nace siendo justo o prudente: se aprende a serlo. Por eso, la
educación tiene una dimensión política esencial. Un ciudadano formado es capaz
de decidir, respetar leyes y participar en la vida pública. Al ensalzar la
tarea educativa, Aristóteles defiende que el futuro de una comunidad depende
más de cómo educa a sus jóvenes que de cuántos nacimientos registre.
Así se aplica esta frase en la actualidad
La frase resulta especialmente actual en debates sobre
sistemas educativos, reconocimiento del profesorado y conciliación familiar. En
sociedades donde la educación a menudo se ve como un servicio más, el pensador
griego recuerda su valor estratégico. Invertir en educación de calidad,
dignificar a docentes y acompañar a las familias en la crianza no es solo una
cuestión moral, sino una apuesta por la cohesión social.
El mensaje aristotélico también invita a reforzar políticas
que apoyen la educación desde la infancia: acceso equitativo, formación
integral y estabilidad para quienes enseñan. Honrar a quienes educan bien puede
traducirse en mejores condiciones laborales, reconocimiento institucional y
recursos adecuados. El retorno de esa inversión se mide en ciudadanía crítica,
menor desigualdad y mayor confianza social.
La frase de Aristóteles no desprecia el hecho de tener hijos,
pero sí recalca dónde reside el verdadero mérito social. Formar a niños y
jóvenes es una tarea paciente y exigente que moldea el futuro de todos.
Recordarlo hoy es reivindicar la educación como un bien común y dejar de lado diferencias que son perjudiciales para la sociedad.
