Algunos programas de televisión no resisten el paso del tiempo, otros logran reinventarse y mejorar, y después está 'Pasapalabra', que parece vivir en una dimensión propia. Desde hace 25 años acompaña a los espectadores cada tarde, convocando a millones frente a la pantalla para seguir la fiesta del abecedario. Hay algo casi absorbente en ver cómo el rosco se completa, cómo aparecen las respuestas correctas en verde mientras el cronómetro sigue su cuenta atrás implacable. A lo largo de su historia han pasado por el concurso numerosos participantes que se han convertido en rostros inolvidables del formato y, en muchos casos, de la televisión en general. Detrás del éxito de este formato están sus concursantes , Manu Pascual y Rosa Rodríguez, que están a punto de hacerse con el bote; también su presentador, Roberto Leal, pero sobre todo Miguel Aparicio, el director del formato, que lleva al frente de él desde casi el principio. «Orgullo y agradecimiento son las palabras que me vienen a la mente. Ver cómo un formato de raíz cultural se ha convertido en el ritual diario de millones de familias es una maravilla. Hemos pasado por diferentes etapas y el público no ha dejado de respaldarnos, lo que, a mi modo de ver, dice mucho en favor de la audiencia», confiesa a ABC. Si hay algo que con el paso de los años se ha convertido en seña de identidad, en símbolo reconocible y casi en mito popular, ese es el rosco. Tan icónico que ha salido de la pantalla para colarse en despedidas de soltero, juegos de sobremesa, bares que improvisan concursos entre amigos o fiestas en las que alguien grita aquello de «con la A…». En el arte de construirlo recae el éxito del formato. « Hay varios ingredientes necesarios para que un rosco pase el filtro. Los principales, evidentemente, son la corrección y la equidad. También es muy necesaria la dificultad creciente: es preciso que haya preguntas de dificultad extrema, pero también otras referencias que permitan jugar desde casa. Por último, y a la vez muy importante, el equilibrio y la variedad de temas. No olvidemos que nos ve gente muy diversa y nuestro objetivo es el entretenimiento», confiesa su director. Es difícil, asegura, determinar el tiempo que se invierte en construir uno de ellos, pero Aparicio habla de horas. «Cada guionista dedica horas a preparar su propuesta para un set de roscos equilibrado y ajustado de nivel. El coordinador de guion también invierte gran parte de su tiempo en afinar esta propuesta, tomando un cuidado minucioso en la equidad, en la variedad de temas y en la dificultad. La lingüista da el repaso final, volviendo a confirmar la consistencia de las preguntas y el estilo de las definiciones. Para cuando los roscos llegan a dirección, solo nos queda constatar el impecable trabajo y tomarnos el placer de intentar contestarlos por si surgiera algún sinónimo conflictivo», explica. Si Aparicio conociera el verdadero secreto del éxito de un programa, fabricaría formatos como churros. Sin embargo, con el paso del tiempo ha sabido detectar cuál es el punto clave para que 'Pasapalabra' haya funcionado hasta ahora. «Es transgeneracional. Es de los pocos programas que pueden ver juntos un abuelo y su nieto, y ambos pueden participar . De hecho, ya hace años que concursan y ven el programa los nietos de nuestros primeros espectadores. Por otra parte, nadie puede dudar del tirón que tiene el rosco por su interés, intensidad y emoción», reconoce. El formato mantiene la esencia de siempre, pero al mismo tiempo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y narrativas que exige hoy la televisión. « Permanecer tantos años en pantalla con tanta estabilidad ha hecho que los concursantes potenciales se planteen su participación a largo plazo y dediquen su tiempo a extender sus conocimientos no solo en cuanto a vocabulario, sino en todos los ámbitos de la cultura. Nosotros hemos tenido que evolucionar a su ritmo, proponiendo roscos cada vez más difíciles, prestando a la vez la máxima atención a la justicia y al equilibrio entre los mismos», asegura. Cada día desde casi el inicio del programa, mientras hay un casting en Zaragoza, en la redacción se escriben los guiones y se cierran invitados para la semana, y en edición preparan los programas para emitir. Un día de grabación empieza temprano, con la llegada de invitados y concursantes a maquillaje; también llega Roberto Leal, que pasa a saludar a todos. A los invitados les dan un par de consejos para que se encuentren como en casa durante las pruebas y arranca la grabación. « Es intenso y, a la vez, la coordinación hace que parezca fácil y fluido . Durante la grabación intentamos combinar la efectividad con la diversión; hay tensión para que todo funcione, pero se respeta la calma para favorecer el clima del programa y, sobre todo, la concentración de los concursantes», confiesa. Los años pasan, el formato cambia, también sus concursantes, pero Aparicio reconoce que desde que empezó no ha perdido el foco en el mismo punto de siempre. « Mi reto y el de mi compañera de dirección, Anabel Verdín, es, sin duda, no olvidar las piedras angulares de nuestro programa: la emoción, la cultura y el entretenimiento. Algo sencillo si se cuenta con un equipo como el de 'Pasapalabra', gracias a quienes siempre tenemos concursantes a la altura, invitados interesantes, un guion intachable, realización con gusto por el detalle, una multitudinaria presencia en redes y una producción capaz de lidiar con la logística sin perder la sonrisa. Bueno, y la guinda del pastel: Roberto Leal, sin quien esta etapa del programa nunca hubiera sido lo que es». Mientras que algunos formatos dejan de funcionar, otros siguen brillando. «Mientras existan el diccionario y las ganas de superarse, habrá 'Pasapalabra'. Estamos en un momento dulce y el formato goza de una salud de hierro. Nos gusta pensar que estos 25 años son los primeros».