Paralizan temporalmente Viaducto Javier Prado, pero vecinos exigen cancelación total: "No tiene estudios técnicos y es obsoleta"
La Municipalidad de Lima suspendió temporalmente la marcha blanca del Viaducto Javier Prado y anunció la creación de una comisión para evaluar el proyecto, luego de la fuerte oposición vecinal y los cuestionamientos técnicos que ha recibido la obra. Sin embargo, los vecinos de San Isidro, Lince, Jesús María, entre otros distritos afectados insisten en que la paralización no es suficiente: exigen la cancelación definitiva del proyecto, al considerar que se trata de una iniciativa “mal hecha, sin estudios técnicos ni ambientales completos". Para ellos, no soluciona las verdaderas necesidades de movilidad urbana.
La controversia se centra en un plan que, según expertos, no resolverá la congestión en la avenida Javier Prado y, por el contrario, agravará problemas como la contaminación, el ruido, la pérdida de áreas verdes y el deterioro de la calidad de vida. Los vecinos aseguran que el viaducto beneficiaría únicamente a un sector reducido de la población que usa vehículo particular, mientras deja de lado a la mayoría de limeños que depende del transporte público masivo. En paralelo, Aldo Facho, presidente de la Comisión de Planificación Urbana del Colegio de Arquitectos del Perú, sostiene que el proyecto carece de una visión integral que no prioriza soluciones reales al problema en la vía.
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¿Por qué los vecinos piden la cancelación total del proyecto?
La oposición se centra en tres argumentos principales: el impacto ambiental, la falta de beneficio real para la mayoría de limeños y el riesgo de incrementar la contaminación y el tráfico en la ciudad. En diálogo con La República, una representante expresó que el proyecto “no es para el público”, porque “solo prioriza a cierto grupo de la población de Lima” que usa automóvil, mientras que el resto depende del transporte público.
Además, los residentes aseguran que la municipalidad no los ha tomado en cuenta y no efectuó una verdadera participación vecinal, lo que los obligó a investigar por su cuenta. “Nos enteramos de casualidad”, relató la vecina.
Por otra parte, otra de sus preocupaciones es que el viaducto eliminaría más de 300 árboles y casi 5.000 m² de áreas verdes en el tramo de Javier Prado, cifras que no son solo “una percepción”, sino que aparecen en documentos municipales y fueron reportadas por la Contraloría. Para ellos, esto representa un daño irreversible en un corredor urbano que ya enfrenta altos niveles de contaminación y calor ambiental. “Lima necesita esos árboles, se está afectando la calidad de vida de muchos vecinos”, explican. Por eso, para los residentes, la obra significaría perder “aire y salud” por una infraestructura que solo beneficiaría a un sector de la población.
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"Un viaducto obsoleto y repetido”
El presidente de la Comisión de Planificación Urbana del Colegio de Arquitectos advirtió que el proyecto responde a una lógica que sobre-simplifica la complejidad del sistema vial. Señaló que Lima ha planteado más de 60 viaductos como una única solución a la congestión, sin evaluar en profundidad la problemática de la movilidad. Además de los impactos en el espacio urbano, el transporte público, y la seguridad vial.
“Llama la atención que se insista con una solución tipo bypass en una arteria como Javier Prado, donde ya se implementó uno hace pocos años. Los resultados del bypass del Óvalo Monitor evidencian la poca efectividad de la solución”, dijo el especialista, y refirió que cuando estas obras no se planifican de forma integral, solo trasladan la congestión a otras intersecciones: “Abordar sólo un nodo no resuelve la problemática de la vía, pues se traslada el problema a otro punto, y se generan barreras urbanas infranqueables”.
Facho coincidió con los vecinos en que la obra tendrá impacto ambiental real. “El mayor tránsito de vehículos particulares aumentará las emisiones, agravándose esta situación por haber eliminado los árboles, que son mecanismos naturales de absorción de CO2”, afirmó. Además, advirtió que el proyecto cambiará el paisaje urbano, pues se reemplazará las áreas verdes por una estructura de concreto que impactará de forma negativa en el valor del suelo.
Sostuvo que lo que actualmente vive la ciudadanía es “la imposición de un paquete de obras que no cuentan con estudios técnicos integrales”, lo que evidencia, según indicó, una falta de planificación urbana adecuada. En ese sentido, explicó que estos proyectos “no han sido pensados en el marco de una visión integral de la ciudad”, lo que genera serias preocupaciones sobre su impacto en el funcionamiento del transporte público, y en la calidad de vida de la ciudadanía.
Alternativas propuestas
Para los vecinos, la solución no es un viaducto sino la ampliación y aceleración del metro y del transporte público masivo. “Lima necesita el metro… el metro de la línea cuatro, la línea tres”, indicó una vecina. Asimismo, proponen reforzar el sistema de buses, con carriles exclusivos y un sistema de semaforización inteligente para mejorar la fluidez del transporte público. “Tienen que poner más buses e implementar una estrategia para que el transporte público fluya”, sostuvo.
Facho señaló que una gestión más eficiente podría resolver parte de la congestión sin grandes obras de cemento: “Antes de llegar a la construcción de un bypass, se tienen que implementar soluciones más ligeras. Lo primero es tener una red semafórica inteligente y monitoreada desde una central, y un diseño vial adecuado que responda a los flujos. Sobre lo primero, la ciudad tiene un proyecto dormido de semaforización inteligente financiado por el Banco Mundial”.
Según comenta, este permitiría modernizar y monitorear más de 400 intersecciones, y ajustar los ciclos a la demanda. Asimismo, se coordinaría los semáforos de las avenidas para dar fluidez al tránsito, reduciendo los embotellamientos. Una red inteligente, señala, prioriza la continuidad de los flujos, y al transporte público mediante carriles exclusivos.
La crítica central es que, pese a tener esta herramienta técnica avanzada, el municipio no la ha priorizado, optando por obras viales costosas que no atacan la causa central. En su lectura, el problema de Lima no es solo la falta de infraestructura vial, sino un sistema vial obsoleto que no prioriza el transporte público, "por lo que construir más carriles sin abordar los problemas de fondo no resolverá el problema".
Además, señaló que la modernización de los semáforos podría implementarse en un plazo relativamente corto, y con costos mucho menores que un viaducto, sin afectar áreas verdes ni el paisaje urbano. Según su evaluación, este enfoque permitiría mejorar el flujo en puntos críticos, reducir el uso de autos si el transporte público se vuelve más eficiente, y preservar la calidad de vida de los vecinos al evitar la tala de árboles y la alteración del entorno.
Vigilia y movilización: el 3 de febrero
Finalmente, los vecinos convocaron a una vigilia para el martes 3 de febrero con un mensaje claro: “No al viaducto, sí al transporte público masivo”. La iniciativa busca mantener la presión ciudadana y exigir que las autoridades escuchen a la población y prioricen soluciones sostenibles y no invasivas. La concentración se realizará a las 7:30 p. m. en el Parque Alfonso Ugarte (Av. Javier Prado Oeste 17, cruce con calle Los Eucaliptos).
“Queremos el transporte público masivo y que se priorice la calidad de vida. Que las autoridades escuchen al pueblo porque este es nuestro dinero y nuestros derechos”, concluyeron.
La República intentó comunicarse con la Municipalidad de Lima para obtener sus descargos; sin embargo, al cierre de esta nota no se obtuvo respuesta.
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