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No podemos dejar que otros decidan por nosotros

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Sabe bien el joven holguinero Daniel Orlando Cruz Serrano que las nuevas medidas dictadas en días recientes por la administración estadounidense, las que prometen multiplicar los dolores de la familia cubana, resultan en extremo dañinas, deliberadas y repugnantes.

«Es una mordida directa a la yugular de la economía antillana, con efectos tan devastadores en sectores sensibles de nuestro día a día, como son la producción de energía eléctrica, el transporte y otros servicios esenciales».

Daniel es graduado de Medicina, un galeno de bien que piensa en la vida de cada persona, en las prioridades colectivas. Desde que supo el contenido que trasciende la orden ejecutiva firmada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha entendido un poco más las pretensiones tan perversas que no esconden quienes conducen la política estadounidense. 

Sobre las actuales presiones, puntualiza que «la actitud de alarde y poder de los que se creen dueños del mundo no es nueva y, en particular hacia Cuba, la historia habla con demasiada elocuencia. Ahora lo que cambian son las medidas, que buscan asfixiar aún más —a un precio muy alto— a un país que se les ha resistido históricamente», reflexionó. 

«Las sanciones impuestas contra cualquier nación siempre terminan golpeando donde más duele: en el pueblo. Las personas son quienes sufren cuando la luz no llega, cuando falta el alimento o cuando no hay transporte para ir al trabajo o simplemente disfrutar de un momento de recreación». 

Si de daños hablamos…

Hay mucho cinismo suelto por estos días en las redes digitales. Existe un criterio inducido de que estas medidas solo buscan afectar al Estado cubano. «Quien crea eso no puede sentirse patriota», asegura el joven santiaguero Juan Leonardo Pacios Dorado. 

Esto que pretenden imponer a Cuba a base chantaje y coacción, dice, daña en primer lugar a la familia, al pueblo que día a día resiste los efectos demoledores del bloqueo económico, comercial y financiero, que ahora se recrudece. 

«Nuestra gente común es la que siente el golpe en la mesa. Las limitaciones en remesas, viajes y comercio repercuten directamente en los hogares, en los proyectos personales y en la posibilidad de mejorar la calidad de vida», comenta. 

Es realmente un espectáculo muy deprimente para cualquier país ese que prometen los gobernantes yanquis, en el que no se le permita a Cuba acceder a combustibles ni a otros bienes esenciales. 

Lo de ellos, asegura, es un acto de mucho cinismo, pues ahora pretenden juzgarnos de ineficientes cuando,  sin esconderse, nos atan las manos y los pies, y sancionan a todo aquel que nos ayude o venda legítimamente el combustible, tan vital en nuestro día a día. 

El impacto silencioso es profundo y erosiona la estabilidad de las familias, pasando por aspectos tan sensibles como es el área de la salud, que enfrenta hoy serios desafíos. 

Entre los jóvenes interrogados por este diario prevalece la opinión de que las recientes medidas del magnate-presidente contra la Isla refuerzan el bloqueo, así como otras políticas hostiles ya fracasadas en el tiempo.

La estudiante artemiseña Carla Castro Montano, quien cursa el 2do. año en Pedagogía-Sicología, considera que estas medidas, lejos de dañar al Gobierno Revolucionario,  lo que logran es fortalecer el consenso nacional frente a la agresión externa, y reafirman la necesidad de más unidad y resistencia. 

Lo que corresponde

En estos tiempos, sin embargo, les toca a los jóvenes estudiar, trabajar con mayor dedicación, innovar cada vez más, defender la soberanía de la Patria y utilizar todas las herramientas, especialmente las plataformas digitales, para denunciar la injusticia del bloqueo y mostrar al mundo la realidad de Cuba, sus logros y desafíos, comenta Castro Montano.

 «Creo que ahora nos corresponde no bajar la frente ante la prepotencia del gigante del Norte, que tantas veces ha intentado pisotearnos. Hay que trabajar, sacar adelante el país construyendo nuestros propios proyectos y superando los obstáculos que nos llegan desde fuera».  

Semejante criterio comparte la estudiante universitaria Andrea Guerra, quien asegura que, «una vez más, asistimos a la misma escena de siempre: el intento del Gobierno de Estados Unidos para imponer su voluntad sobre Cuba, apelando al poder económico y político como instrumento de presión. 

«Las sanciones que se anuncian con tono triunfal desde Washington no golpea estatus, sino a todos los ciudadanos. Son los trabajadores, las familias, los jóvenes que quieren abrirse camino quienes sienten el peso de cada medida que entorpece la producción eléctrica, encarece el transporte y frena la entrada de alimentos o combustibles.

«Pero si algo ha demostrado Cuba a lo largo de su historia es su capacidad para sobreponerse a las peores circunstancias que nos ha impuesto con su política de hostilidad la nación más poderosa económicamente». 

La dignidad de un pueblo no se compra ni se bloquea. Y es precisamente ese espíritu el que deben defender las nuevas generaciones.  «Porque resistir, en tiempos como estos, sigue siendo una forma de victoria».

¿Nosotros como amenaza?

Llamar a los cubanos una amenaza para Estados Unidos resulta algo tan aberrante como incierto. Lo dice Mileiny Toledano Arteaga, una estudiante artemiseña que aspira a que ambos pueblos puedan construir en el futuro una relación estrecha basada en el respeto. 

Pero para eso, apunta, quienes hoy nos intimidan desde todos los frentes deben contener su ira, sus aspiraciones de destruirnos como nación libre e independiente. Y lo cree porque, según apunta, las medidas recién anunciadas son contraproducentes y dañinas en extremo. 

«Pienso que es fundamental provocar el diálogo y la cooperación internacional, en lugar de implementar políticas que exacerban las tensiones y obstaculizan el progreso hacia una mayor estabilidad y bienestar en la región». Asimismo, recuerda que eso solo se alcanza con la unidad continental. 

Juan Leonardo Pacios Dorado es de los que opina que la orden ejecutiva firmada por Donald Trump reacientemente le da otro tiro de gracia al Derecho Internacional. «Representa un retroceso en cualquier intento de acercamiento. Es volver a levantar muros en un momento en que lo que más necesitamos son puentes». 

«En lugar de abrir caminos de cooperación, se refuerzan las tensiones políticas y económicas que ya existían. Estas decisiones no se pueden ver solo como un asunto de política exterior, pues terminan influyendo directamente en la vida diaria. 

Para quienes vivimos en la Mayor de las Antillas, cada restricción significa menos posibilidades de intercambio cultural, menos oportunidades de desarrollo y más obstáculos para que la juventud pueda mirar hacia adelante con esperanza», dice. 

«No podemos dejar que otros decidan por nosotros. Nos corresponde defender nuestros espacios, apostar por la creatividad y buscar soluciones desde lo que sabemos y podemos hacer. La juventud cubana ha demostrado muchas veces que tiene fuerza para reinventarse y  sostener la esperanza en medio de las dificultades. Creo que debemos unirnos, ser solidarios y mantener viva la capacidad de defender, soñar y construir este país con la fuerza de la historia».















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