Esta noche, lo del
Carlos Belmonte, no es un partido trampa. Es una final a partido único, fuera de casa, ante el equipo que fulminó al
Real Madrid en tres plumazos. Hoy hay un título en juego. El
Barça de
Flick no puede saltar al campo como ante el
Slavia o el
Oviedo, pensando que ganará el partido por su cara bonita y que los goles ya caerán con el paso del tiempo. Hay mucha confianza en el poder ofensivo porque los números les avalan. Pero hay también demasiada autocomplacencia porque el
Barça es el segundo equipo más goleador del continente, porque -como en tiempos del
Dream Team- tenemos a seis jugadores por encima de los 10 goles en el mes de enero y porque se generan veinte ocasiones por partido.
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