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¿Por qué los auxiliares de vuelo se sientan sobre sus manos durante el despegue y el aterrizaje?

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Viajar en avión se ha convertido en una rutina para millones de personas en todo el mundo. A pesar de que se trata de uno de los medios de transporte más seguros, cada trayecto implica una compleja cadena de procedimientos destinados a minimizar cualquier posible incidente. Muchos de estos protocolos pasan desapercibidos para los pasajeros, aunque forman parte esencial del funcionamiento del vuelo.

Entre esas prácticas discretas destaca una que suele llamar la atención de quienes observan con detalle el comportamiento de la tripulación. Durante el despegue y el aterrizaje, los auxiliares de vuelo adoptan una posición rígida en sus asientos plegables, manteniendo las manos bajo los muslos o apoyadas sobre las piernas. Lejos de ser un gesto casual, se trata de una técnica cuidadosamente diseñada dentro de los estándares internacionales de seguridad aérea.

¿Por qué los auxiliares de vuelo se sientan con las manos bajo los muslos?

Dentro de la formación de la tripulación de cabina existe una postura específica conocida como “posición de apoyo” o brace position para el personal. Según explican profesionales del sector aeronáutico, esta posición busca mantener el cuerpo del auxiliar de vuelo lo más estable posible ante cualquier movimiento brusco.

La auxiliar y supervisora de vuelo Katherine Drossos, de Cirrus Aviation Services, ha señalado en diferentes entrevistas que esta postura obliga a los tripulantes a sentarse completamente erguidos, con el cinturón de seguridad ajustado, los pies firmemente apoyados en el suelo y las manos colocadas bajo los muslos o sobre las piernas. El objetivo principal es reducir el riesgo de lesiones si se produce una turbulencia inesperada o un frenazo brusco durante las maniobras críticas del vuelo.

Además, mantener las manos en esa posición evita movimientos involuntarios que podrían provocar golpes o dificultar la reacción inmediata ante una emergencia.

El despegue y el aterrizaje son considerados las fases más delicadas de cualquier trayecto aéreo. Según datos de organismos como la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) y la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA), la mayoría de los incidentes aeronáuticos se producen precisamente durante estas etapas.

Por este motivo, mientras los pasajeros suelen observar el exterior o utilizan dispositivos electrónicos, los auxiliares de vuelo permanecen concentrados en revisar mentalmente los protocolos de emergencia. Durante esos minutos, la tripulación repasa la localización de los equipos de seguridad, las rutas de evacuación y las funciones asignadas a cada miembro en caso de incidente.

La postura corporal facilita que puedan levantarse rápidamente y acceder al material de emergencia sin obstáculos. Al mantener el cuerpo alineado y las manos preparadas, se reduce el tiempo de reacción, un factor que puede resultar determinante en situaciones críticas.

Aunque pueda parecer que esta posición solo beneficia a la tripulación, su finalidad última es garantizar la seguridad de todos los ocupantes del avión. Los auxiliares de vuelo no solo atienden a los pasajeros durante el trayecto, sino que son profesionales entrenados para gestionar evacuaciones, incendios, despresurizaciones u otras incidencias.

En caso de emergencia, la rapidez con la que puedan abandonar su asiento y comenzar a dirigir a los pasajeros hacia las salidas puede marcar la diferencia. Por ello, las aerolíneas establecen protocolos muy estrictos sobre la postura que debe adoptarse durante estas fases.

A pesar de la atención que generan estas medidas, los expertos recuerdan que el avión sigue siendo uno de los medios de transporte con menor índice de accidentes. Datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) indican que la tasa global de incidentes graves es extremadamente baja en comparación con otros sistemas de movilidad.

Sin embargo, la seguridad aérea se basa precisamente en la prevención y en la aplicación rigurosa de procedimientos estandarizados. Cada detalle, incluso la forma en la que la tripulación se sienta, responde a estudios de riesgo y a simulaciones realizadas durante años.

Qué deben hacer los pasajeros

Mientras la tripulación adopta esta postura, los pasajeros también deben seguir ciertas recomendaciones básicas. Entre ellas, mantener el cinturón de seguridad abrochado, colocar el asiento en posición vertical, plegar la mesa auxiliar y atender a las indicaciones del personal de cabina. Estas medidas, aparentemente rutinarias, contribuyen a reducir el riesgo de lesiones en caso de turbulencias o frenazos inesperados.

La imagen de los auxiliares de vuelo sentados con las manos bajo los muslos puede parecer una simple formalidad, pero forma parte de un complejo sistema de seguridad que se aplica en todos los vuelos comerciales. Lejos de permanecer inactivos, los tripulantes se preparan en silencio para actuar con rapidez si fuera necesario.

Este tipo de protocolos demuestra que la seguridad aérea no depende únicamente de la tecnología o de la experiencia de los pilotos, sino también de la preparación minuciosa de toda la tripulación. Un gesto discreto que, aunque pase desapercibido para la mayoría de los viajeros, desempeña un papel fundamental en la protección de millones de pasajeros cada día.















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