La elusiva búsqueda de la ‘Tercera República’
El gane del oficialismo fue contundente, reforzado por una amplia participación electoral. La última vez que el partido ganador de los comicios presidenciales logró mayoría en la Asamblea Legislativa fue hace 40 años. Indispensable notar, sin embargo, que el ayote quedó partido por la mitad: una apoyó al oficialismo y la otra, lo adversa.
El gobierno electo posee, pues, un robusto mandato para gobernar. No logró la mesa gallega (los 40 diputados) pero le alcanza para pasar leyes sin preocuparse de negociar con opositores. Ya no valdrá la excusa de que no lo dejan gobernar. Esta situación puede tener un lado positivo: ahora la nueva élite de poder tendrá que ser propositiva y no meramente confrontativa. A menos que se ponga “buchona” y empiece a presionar, de partida, con cambios constitucionales, cosa que no haría más que profundizar la línea de confrontación política actual.
Perpetuar la confrontación no es necesario, y es hasta contraproducente para los intereses de esta nueva élite, si lo que quiere es gobernar, es decir, conducir los asuntos públicos para el bienestar general. Ojalá que no vaya por ahí, pues tiene una gran oportunidad de plasmar sus prioridades de política pública mediante una amplia cosecha de leyes. Espero que estén mejor elaboradas que las que el gobierno actual acostumbró a enviar al Congreso, muchas de las cuales eran adefesios que saboteaban su propio trámite. Veremos por dónde se va.
¿Y ahora qué? Con la gran oportunidad, viene la responsabilidad de demostrar que la ambiciosa proclama de la “Tercera República” es algo más que un eslogan electoral para disfrazar la inclinación autoritaria de aplicar martillo contra quienes no se alineen. En lo publicado no hay trazas de un proyecto de desarrollo nacional, sino enunciados muy generales: la promesa de cambios irreversibles, trabajo duro y bienestar en favor del pueblo. En cambio, hay indicaciones más precisas sobre el manejo del poder y el trato que se dará a la oposición y a los medios de comunicación. Preocupante.
Tendremos una presidenta con una trayectoria muy corta. Será, con todo, mi presidenta. Su inexperiencia puede ser una ventaja, si tiene sabiduría y buena madera. En breve sabremos si se trata de un nuevo liderazgo o de un personaje atrapado en una telaraña sedienta de poder duro. La escogencia de su gabinete dará una primera señal de lo que hay.
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Jorge Vargas Cullell es sociólogo.
