El mote es injusto porque en Casa Pepe todo está limpio. Pero ya se sabe que Madrid es un poco cabrona con eso de los nombres. Lo suyo fue un suelo de arena y un campo de servilletas de papel traslúcidas de grasa. Huesos de pollo por todas partes. Otra ración de oreja plancha. La lengua gorda por la sal, serrín en la puerta los días de lluvia. Como hoy. Como mañana. Allí un doble de cerveza te da de comer. Se apean un grupo de antidisturbios de la Policía Nacional, un concejal, un albañil y un futuro abogado del Estado; la vecina de la calle Chantada; la prima que vive frente a La Vaguada, ese primer centro comercial de...
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