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“Minerales críticos”, o el nuevo capítulo extractivista del legado Boric

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A fines de enero de 2026, la ministra de Minería, Aurora Williams, entregó al Presidente Gabriel Boric la tan anunciada Estrategia Nacional de Minerales Críticos (ENMC), uno de los últimos anclajes de este gobierno para potenciar la extracción desmesurada en Chile bajo la lógica de ser un “país minero”.

Pese a lo rimbombante del acto de presentación, la fórmula no es desconocida: construir un paraguas que permitirá, en los próximos años, respaldar cuestionados proyectos mediante una ausencia generalizada de discusión pública profunda, pero orientada bajo los intereses del empresariado extractivo. Lo vimos con el Hidrógeno Verde, también con el litio, y ahora con los “minerales críticos”.

Y, como ha sido la lógica, este paraguas tampoco está libre de nudos y tensiones que son importantes de alertar ahora, como herencia del gobierno saliente y una hoja de ruta que puede aprovechar la administración entrante. Así, a continuación, presentamos cuatro nudos a tener en consideración:

  • Primer nudo: minerales críticos, recursos naturales no renovables

Seguramente todos y todas recordamos la asignatura de Ciencias Naturales en el colegio, donde una de las primeras cosas que nos transmitían era una clasificación básica de los Recursos Naturales, clasificados en renovables y no renovables.

El segundo de estos, el no renovable, siempre se ejemplificaba con el petróleo y la minería, donde los “recursos” eran extraídos y usados, pero sin ser regenerados en la Naturaleza. Una clasificación así de sencilla, que se repite más allá de las aulas de la educación chilena, ni siquiera llegó a las mesas de quienes construyeron la Estrategia Nacional de Minerales Críticos, siendo un concepto omitido a diestra y siniestra sin contar con mención ni su respectiva consideración en página alguna del documento; es decir, en simple, no se considera el aspecto finito de los recursos mineros, sobre los cuales el gobierno estableció la amplificación de su explotación, por lo que para esta administración, que se autoproclamó en sus orígenes como “ecologista”, los minerales en la naturaleza y nuestros territorios son infinitos, a disposición del interés extractivo.

Para abundar más en la gravedad de esta omisión, hay documentos oficiales del Ministerio de Medio Ambiente que entregan una definición oficial de Recurso No Renovable, planteando que “son aquellos recursos que poseen una capacidad finita de extracción y aprovechamiento. Estos no pueden ser regenerados de forma natural después de su explotación”, y es una definición universalmente conocida y usada por organismos de Naciones Unidas,  criterio que por razones de soberanía, de sostenibilidad y en particular por justicia intergeneracional, debieran ser considerados.

  • Segundo nudo: Críticos o Estratégicos

La opción de adoptar el concepto de Minerales Críticos y no Minerales Estratégicos no es menor. El gobierno omitió las recomendaciones entregadas en estudios encargados a la Comisión Chilena del Cobre Cochilco y al Banco Interamericano de Desarrollo BID que planteaban la importancia de utilizar la denominación de Minerales Estratégicos para el caso de la estrategia chilena, dada las características de su economía y la abundancia de estos minerales en su territorio, pero también porque en Chile el sector industrial y manufacturero tiene bajo desarrollo, y el país no es un gran consumidor de minerales ni otras materias primas, desde fuentes internas ni provenientes del exterior.

A pesar del peso de los argumentos, el Comité convocado por el Gobierno, con una amplia composición de intereses mineros, adoptó el concepto de “minerales críticos”, lo justifica desde “una perspectiva flexible y adaptativa”, porque considera, por una parte, la “participación consolidada o potencial en el suministro global de aquel mineral”, y por otra parte “el reconocimiento de este como crítico por las economías relevantes”.

Este enfoque cruza toda la Estrategia, en el sentido que esta busca profundizar el Chile extractivista, cuando se establece como principal objetivo “consolidar a Chile como proveedor confiable y responsable de minerales críticos a nivel global”.

Por el carácter de bienes naturales (recursos) mineros no renovables, que Chile posee en abundancia y son requeridos por las economías industriales del norte global, debieran ser considerados Estratégicos desde una visión de soberanía económica, de sostenibilidad, y considerando las potencialidades que tienen estos, en una perspectiva de  incorporación de ciencia y tecnología para plantearse  alternativas al Desarrollo en un horizonte de postextractivista

  • Tercer nudo: Chile ya tiene una participación relevante en la minería global

Surge la pregunta, ¿Por qué es necesaria una Estrategia Nacional de Minerales Críticos?

Chile ya tiene un papel muy relevante en la producción minera global, especialmente en algunos minerales ahora denominados “críticos” o “de la transición”. A continuación, algunos datos:

Chile ya es el primer productor mundial de Cobre – Cu (23 %), también de Renio (53%) , y es el segundo productor mundial de Litio – Li (24 %), Molibdeno – Mo (18%) y Boro – B (11 %) (Cochilco 2023). También tiene extracciones muy favorables en Oro, Plata, Hierro y Potasio. Hay que considerar que la gran mayoría de estas minerías están en manos transnacionales privadas, por ej. el Cu en 70%, el Litio en 100% .

La otra cara de estas cifras mineras, nos habla de territorios precarizados ambiental y socialmente, asolados por la contaminación y la falta de agua, varios de ellos territorios en sacrificio,  con aportes cuestionables en calidad y cantidad de empleo, y escuálidos aportes por Royalty y Tributación.

Si bien la retórica de la ministra de Minería y el Presidente Boric, tras la presentación de esta Estrategia aparece como muy loable, la representante de esta cartera,  al presentar la ENMC, destaca a esta actividad económica como la “que ha forjado la identidad del país y de sus territorios, pero hoy, además, está llamada a contribuir de manera  decisiva al futuro del planeta”, dice que entre las convicciones y visión de Estado tiene “una responsabilidad global: el suministro confiable y responsable de nuestros minerales críticos es fundamental para la transición energética del planeta y el fortalecimiento de sectores estratégicos para la vida humana”.

Lo cierto es que antes de hacer y dar a conocer esta Estrategia, los gremios mineros y las empresas, ahora convertidos de principales causantes de la crisis climática en nuestros salvadores, vienen transmitiendo que Chile debe aumentar considerablemente la extracción de Cobre en los próximos años, donde la reactivación de anuncios en inversiones en minería lo comprueban.

La Estrategia Nacional del Litio se plantea llegar a ser el primer proveedor mundial, hoy es el segundo con un 24% luego de Australia que tiene 47%, por lo que también debe a lo menos triplicar la extracción de Litio en los próximos años. Al parecer el sector minero transnacional ya tenía sus metas trazadas y su nueva retórica construida, la ENMC se viene a alinear y dar algunos grados de legitimación llevándola a ser una  “nueva” política de Estado.

En distintas partes del documento de ENMC  se define como propósito “consolidar a Chile como un proveedor confiable y responsable de minerales críticos a nivel global, contribuyendo tanto a los desafíos globales de abastecimiento de minerales como localmente, al bienestar de las comunidades y a la justicia territorial”. Ser “proveedor de minerales” es mantener y ampliar el modelo primario exportador, también denominado extractivismo minero, en un país con una profunda mega sequía, con territorios fragilizados por la fuerte presencia minera y con un prometido “valor agregado” que no toma forma ni peso.

  • Cuarto nudo: participación, consulta y conflictos

Chile tiene reservas de Cobre del orden de 190 millones de Toneladas (Informe “Mineral Commodity Summaries, January 2025” del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), actualmente  en Chile se extraen 5,6 millones de Toneladas anuales en cifras de  2025; de mantener este ritmo de explotación, quedaría Cobre para 34 años.

De acuerdo a las proyecciones de inversión y extracción para los próximos diez años (Cochilco 2026), hay una cartera de inversiones proyectadas de US$104.549 millones, lo que elevaría la extracción a  6,03 Millones de Toneladas de cobre anual al año 2033,  a ese ritmo de extracción, las reservas de Cobre se acaban en 30 años. Ni para el Cobre, ni tampoco para los otros minerales priorizados en la ENMC, se considera las reservas cuantificadas y hasta cuanto hay de disponibilidad al  intensificar la explotación de los minerales, sin que paralelamente se esté pensando en la reparación socioambiental de los territorios y en actividades económicas de reposición al extractivismo minero.

Para intensificar y aumentar la explotación minera, sólo si consideramos el Cobre, con leyes mineras que van descendiendo, con rocas más duras, minas a más altura y mayor profundidad, se requerirá más energía, más agua, más insumos químicos, se generará más contaminación al aire y el suelo, más relaves y en definitiva más territorios precarizados y comunidades afectadas.

Pero, evidentemente, acá no solo se tiene en la mira al cobre, sino al conjunto de minerales que están en este largo y estrecho territorio. Y en base a eso mismo, obviamente, no basta con consultarle solo al “ecosistema minero”, denominación (eufemismo extractivista para revestir de vida una actividad que aporta más en el sentido inverso) que les gusta usar a autoridades, empresarios y académicos, que se reconocen bajo un mismo interés, aumentar la extracción minera sin límites, y sin considerar a los pueblos indígenas, comunidades y regiones realmente involucradas en esta Estrategia.

En esta línea, la ausencia de una participación pública, realización de consulta indígena e, incluso, una evaluación ambiental estratégica, son deficiencias que se repiten bajo esta y las anteriores administraciones del Estado, toda vez que buscan acelerar lo más posible la lógica rentista que ha primado sobre Chile durante las últimas décadas, por lo que la participación abierta y discusiones profundas vendrían a ser, a criterio de los columnistas de medios empresariales y los propios defensores irrestrictos del gobierno, piedras de topes para la inversión. Pero no hay pronunciamientos que den cuenta de que la consulta ciudadana sobre el Anteproyecto de la ENMC se hizo en un tiempo muy acotado, con poca participación, donde en general se repite la presencia del “ecosistema minero”, partes interesadas  suplantando lo que debiera resolver el conjunto del país.

Nos encontramos, así, ante una nueva jugada del gobierno saliente que allanará el camino a la entrante ultraderecha, pero también a una desregulación generalizada en múltiples aspectos de la vida de la población de Chile y la proliferación de conflictividades socioambientales. Mientras se afilan los dientes los intereses mineros, comunidades y organizaciones sociales se han sostenido en una defensa de los territorios cuya vocación productiva no es la que se les impone, sino que aquella que nunca les han permitido discutir ni construir, y mucho menos aplicar.

Posiblemente, esta Estrategia -que nace del tan anhelado vínculo de la alianza público-privado-  en el marco de la configuración que se ha dado en el nuevo consenso extractivista- será un impulso para acrecentar las tensiones locales ante un aceleramiento de proyectos extractivos, cuya “frontera”, desde hace años, dejó de ser el norte del país y la Cordillera de los Andes. Ahora, al igual que con estrategias como la del litio, el hidrógeno verde o el propio Plan de Fortalecimiento Industrial del Biobío, el empresariado nacional y transnacional se sentirá con el respaldo de la institucionalidad para avasallar en los territorios.

Pero son esos mismos territorios los que han sostenido sus resistencias, y donde se reconoce que esta Estrategia no refleja sus intereses ni mucho menos su participación y proyección. Son las comunidades y la población, que se ha sostenido en redes de organización en distintas escalas, las que ya conocen el relato minero, el impacto de ser condenados históricamente a ser un país extractivista y cómo el Estado subsidiario se ha sustentando en privatizar y mercantilizar las necesidades de los pueblos.

Asimismo, con esta acumulación de experiencia histórica, serán las mismas (y más) organizaciones y comunidades que sostendrán sus legítimas luchas frente al interés avasallador de empresas y gobierno; las que seguirán construyendo defensa territorial y se abren camino, progresivamente, a la construcción de alternativas que nazcan desde las verdaderas necesidades de la población y la Naturaleza.


Por Javier Arroyo Olea y Lucio Cuenca Berger | Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales – OLCA















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