Добавить новость
smi24.net
World News
Февраль
2026
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28

Japón en la encrucijada: dar un sólido mandato a su Thatcher o el riesgo de la irrelevancia

0

Escribo estas líneas en uno de los sótanos de los edificios del Wall Street japonés el barrio de Marunouchi. Aquí los jóvenes ejecutivos se apiñan en los restaurantes bares y cafés de esta verdadera ciudad subterránea donde hay de todo. No cabe un alfiler en ningún local, cocina japonesa en su infinidad de variantes, española, italiana, francesa o los bares. El bullicio, las conversaciones y las risas son como en cualquier otro lugar del planeta, pero eso sí, más contenido, educado, discreto y cívico. La seguridad en las calles es casi total. El civismo y el respeto en las colas impera hasta para cruzar las calles. Se nota un renovado optimismo, el dinero corre y los turistas se lanzan a las compras en un país que con un yen débil ya no es inaccesiblemente caro. En este ambiente en el que no se nota la campaña electoral salvo en Los Barrios o los pueblos donde los carteles si fijan en lugares establecidos y numerados. Las furgonetas con altavoces son escasas y siempre con un volumen civilizado. Este gran país, con sus serios problemas, profunda crisis demográfica y deuda pública y privada galopantes, es una democracia vigorosa y un país que funciona y que respeta y cree en sus instituciones.

Japón no va a elegir solo un Parlamento: va a decidir qué tipo de potencia quiere ser en un mundo cada vez más peligroso. En las elecciones anticipadas del 8 de febrero, todo apunta a una victoria amplia del Partido Liberal Democrático (PLD) de Sanae Takaichi y de su socio reformista Nippon Ishin no Kai, pero la clave no es el resultado aritmético, sino lo que significa: la consolidación de Japón como gran democracia liberal y representativa, firme en materia de seguridad y defensa, orgullosa de sus valores y dispuesta a asumir su responsabilidad estratégica en el Indo‑Pacífico y en el convulso mundo del siglo XXI.

Durante décadas, el Japón político ha sido sinónimo de prudencia, ambigüedad calculada y pacifismo constitucional. Hoy, ante el expansionismo chino, las amenazas nucleares de Corea del Norte, cada vez más graves, el país entra en una fase distinta: hacer frente a los desafíos, no esconderse de ellos.

Un sistema diseñado para la estabilidad, en un entorno cada vez más inestable

Takaichi decidió disolver anticipadamente la Cámara de Representantes apenas unos meses después de llegar al poder, forzando unas elecciones en pleno reordenamiento geopolítico y en un contexto interno delicado: salida lenta pero real de la deflación, inflación moderada, pero no tanto en alimentación, que ha hecho mella en el bolsillo de las clases medias y una gravísima implosión demográfica.

El sistema electoral japonés —289 distritos uninominales y 176 escaños de representación proporcional— favorece a los grandes bloques y penaliza la fragmentación. Si se confirma lo que anticipan las encuestas, el PLD de Takaichi podría pasar de menos de 200 escaños a una horquilla cercana o superior a los 250 (la mayoría absoluta es de 233) y la coalición con Ishin rozaría los dos tercios de la Cámara Baja. Eso significa capacidad para marcar la agenda legislativa sin depender de terceros, e incluso para abordar reformas constitucionales si se logra sumar mayorías en la Cámara Alta. En un país donde la inercia institucional ha sido la norma, ese margen de maniobra es histórico.

Frente a ese bloque de derecha nacional‑reformista, la nueva alianza centrista que agrupa al antiguo Partido Democrático Constitucional (fusión entre liberales y socialdemócratas -agua y aceite) y a Kōmeitō (centristas antiguos socios de coalición del PLD) intenta presentarse como alternativa moderada y se proclama “social-liberal”. El mensaje de la coalición opositora no conecta con un electorado que, tras décadas de crecimiento raquítico, pide tres cosas muy concretas: seguridad, interna y externa, recuperación del poder adquisitivo y liderazgo fuerte y carismático.

La “Thatcher de Asia”: un conservadurismo nacional‑popular, ni rupturista ni populista

Sanae Takaichi ha logrado algo que pocos habrían imaginado hace unos años: convertir al PLD, ese mastodonte clientelar y de facciones y fratricidas luchas intestinas de poder, en el vehículo de un proyecto coherente de centroderecha nacional‑popular. Lo hace con una mezcla muy japonesa de continuidad y ruptura. Por un lado, mantiene elementos clásicos del PLD: Estado fuerte, proximidad con los grandes conglomerados, sensibilidad hacia el mundo rural y defensa de la clase media. Por otro, introduce un lenguaje nuevo, de disciplina, esfuerzo, mérito, orgullo nacional y firmeza frente a las amenazas externas.

El proyecto de Takaichi tiene tres pilares: primero, su enorme popularidad incluso entre votantes más jóvenes, sus mítines son multitudinarios algo nada habitual en este país. Su estilo y corte de pelo son imitados y se venden galletas con su efigie y la de Margaret Thatcher a quien todo el mundo la compara. Segundo la excelente reputación que tiene como trabajadora incasable en un país donde se venera el esfuerzo, el rigor y la seriedad. Tercero su proyecto político audaz y conservador, que promueve la responsabilidad fiscal, reducción la inmensa deuda de Japón y una política exterior fuerte y asertiva frente a China y otros actores revisionistas e equívocamente alineada con las democracias más avanzadas y una sincera amistad con líderes políticos como Donald Trump o Giorgia Meloni. No es el populismo fiscal suicida de ciertas izquierdas europeas ni el aislacionismo económico de algunas derechas populistas; es un nacional‑desarrollismo frío, tecnocrático y patriótico.

Ishin, el socio reformista, completa el cuadro desde la derecha modernizadora: reforma administrativa, disciplina fiscal a medio plazo, reducción del peso de una burocracia hipertrofiada, centralismo frente a las baronías locales. Es una alianza incómoda para los viejos cuadros del PLD, pero muy atractiva para un votante urbano de clase media (la gran víctima de años de estanflación) cansado de la parálisis y que quiere reformas sin aventuras. La apuesta de Takaichi por una economía de “alta presión” es mucho más que “Abenomics 2.0” (responsabilidad fiscal). La Takaishinomics se fundamenta en el crecimiento sostenido, ya que sin salarios decentes y al alza así como sin un mínimo de confianza en el futuro, Japón no podrá financiar su defensa, ni sostener su Estado del bienestar, ni corregir su implosión demográfica. Por eso propone una economía de “alta presión”: mantener la demanda por encima de su nivel de equilibrio para empujar a las empresas a invertir, subir salarios y mejorar productividad.

Eso se traduce en varias líneas de acción:

- Subsidios temporales a la gasolina, la electricidad y el gas para proteger a las familias mientras se consolida la recuperación.

- Rearmamento del presupuesto hacia la inversión en innovación, digitalización, economía verde realista, infraestructuras críticas y defensa.

- Coordinación explícita con el Banco de Japón para que la política monetaria acompañe y no frene el impulso fiscal mientras la inflación se mantenga en niveles tolerables.

Seguridad y defensa: Japón se toma en serio el mundo real

Es en el terreno de la seguridad donde estas elecciones adquieren una importancia que trasciende Asia. En un contexto de volatilidad geopolítica global, Japón está abandonando, por fin, la zona de confort del pacifismo constitucional. Y lo hace con una claridad que envidiarían no pocas capitales europeas.

Takaichi plantea aumentar el gasto en defensa hacia el 2% del PIB, (actualmente está en el 1.4%) reforzar capacidades de contraataque, invertir en ciberdefensa y tecnología de punta, y asumir mayor responsabilidad dentro de la alianza con Estados Unidos. No es un giro belicista, sino un ajuste tardío a una realidad que ha cambiado radicalmente desde que se redactó la Constitución de posguerra. Una democracia avanzada rodeada de potencias revisionistas no puede seguir actuando como si fuese una Suiza asiática; o se dota de una capacidad de disuasión creíble, o quedará a merced de decisiones tomadas en Pekín, Pyongyang o Moscú.

Un realineamiento político con efectos globales

Si el PLD de Takaichi y sus aliados de Ishin consiguen la mayoría reforzada que pronostican los sondeos, Japón habrá completado un realineamiento político de enorme calado. El centro de gravedad se desplazará claramente hacia una derecha nacional‑popular, reformista con un profundo anclaje en el eje atlántico ampliado.

- Un Japón fuerte y proactivo es un socio de primer orden en el Indo‑Pacífico frente al expansionismo chino y al eje Moscú‑Pekín‑Pyongyang.

- En un contexto de dudas sobre el compromiso estadounidense a largo plazo, Tokio puede convertirse en pilar de estabilidad y puente entre Occidente y Asia democrática.

- El ejemplo japonés demuestra que se puede construir una agenda de centroderecha que combine defensa firme del orden liberal, realismo estratégico y política económica sensible a las clases medias, sin caer ni en el populismo proteccionista ni en el irresponsable populismo anti-económico.

Por qué estas elecciones deberían importar en Madrid, París y Bruselas

Las elecciones japonesas no suelen ocupar grandes titulares en los medios europeos. Se ven como un asunto distante, técnico, “de japoneses para japoneses”. Es un error de bulto. Lo que pase hoy en Japón influirá en el equilibrio de poder en el Indo‑Pacífico, en la capacidad de disuasión frente a China, en la arquitectura de sanciones a Rusia y en el margen de maniobra de las democracias frente a los regímenes autoritarios.

Un Japón gobernado por una líder que entiende, como entendió Thatcher en su momento, que defensa, economía y valores forman parte de la misma ecuación, es un aliado precioso para quienes creemos en la democracia liberal representativa, en la economía social de mercado y en la necesidad de una política exterior de principios, no de gestos. Es también un espejo incómodo para una Europa que habla mucho de “autonomía estratégica”, pero invierte poco en defensa, se divide frente a Rusia y mantiene con China una ambigüedad que raya en la temeridad.

Japón ha decidido que no quiere ser un objeto de la historia, ni sujeto pasivo, quiere ser protagonista de su destino geoestratégico y la llave la tiene la victoria hoy de Takaishi. Si se confirma, veremos cómo esta gran nación se situa como uno de los pilares esenciales de un nuevo frente de democracias firmes frente a la oleada autoritaria. Desde Europa, conviene tomar nota: en el mundo que viene, o se está del lado de quienes se toman en serio la defensa de la libertad, o se acaba viviendo bajo las reglas de quienes la aplastan. Japón parece haber elegido claramente el primer camino. Ahora le toca a Occidente estar a la altura.

*Gustavo de Arístegui es diplomático y fue embajador en India, Bután, Maldivas, Nepal y SriLanka (2012-2016) gustvodearistegui.substack.com















Музыкальные новости






















СМИ24.net — правдивые новости, непрерывно 24/7 на русском языке с ежеминутным обновлением *