Por el bien de los jóvenes, que es el bien de la nación
Pasadas más de cuatro décadas, el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Federico Engels, de Pinar del Río —fundado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz—, no es el mismo. No solo ha cambiado desde el punto de vista docente y académico, sino estructural.
Ha sido una transformación que, en parte, según viejos y nuevos egresados, se nota desde el instante en que cruzas la entrada de la institución pinareña, una de las más reconocidas del país.
De acuerdo con su directora, la Doctora en Ciencias Modesta Milians Carbó, el internado era la columna vertebral de ese tipo de centros y permitía un mayor aprovechamiento en el horario dedicado a la preparación del estudiantado.
«La convivencia las 24 horas creaba una cultura científica y de camaradería muy fuerte. Las sociedades científicas eran extremadamente activas», reconoce.
Es algo que reconocen hoy estudiantes como Analía Maya Pérez, que cursa el 11no. grado en la Federico, y siempre soñó con ingresar en esta escuela por su prestigio. «Hoy sería muy bueno que los grupos tuvieran alumnos de distintos municipios, unos becados y otros como yo, de la ciudad; eso facilita la socialización, pues uno comprendería mejor cómo vive el compañero que está interno, ese que hace guardia en las noches...
«Ciertamente, siento que la escuela ha elevado mi rigor en el estudio. Quizá no como hace 20 años, ya que tengo referencias de quienes estuvieron en el centro dos décadas atrás. Pero aquí nos hacen estudiar y la preparación es más fuerte que en otros preuniversitarios, al punto de que puede ser que mi promedio sea incluso menor que el de un estudiante de otra escuela. Sin embargo, la preparación siento que es mejor», explica la joven.
Más allá de los problemas con la comida y el agua que sufren los alumnos internos, Adriana Sánchez Díaz decidió venir a estudiar al IPVCE pinareño porque sabía que tendría más posibilidades de alcanzar una carrera universitaria como la que la desvela: Diseño.
Ella, que es de la lejana localidad de Santa Lucía, en Minas de Matahambre, al norte de la provincia, sabía desde su ingreso que las cosas no serían sencillas en este contexto económico, que ahora se ha recrudecido. Tampoco para su familia, que viaja unos cien kilómetros para visitarla cada domingo en que ella está en la escuela.
«Los sacrificios que he hecho para mantenerme en la escuela, a pesar de la lejanía de mi hogar, han valido la pena, pero no desconozco que la situación fuera diferente si la escuela tuviera la vida de hace años atrás», asegura la muchacha de 11no. grado.
Su pensamiento guarda relación con el de Lester Naranjo Varela, quien cursa el 10mo. grado en la Vocacional y asegura que cambió su visión de este centro cuando hace muy poco tiempo le mostraron en el aula el video de cuando fue inaugurada.
En este material audiovisual aparece Fidel dejando un lema que llega hasta estos días y que no hay un Federico —como suelen llamarse a los egresados de este centro—, que no se sepa: «Nuestra escuela es fragua martiana, marxista-leninista, forjadora de futuros comunistas».
Quizá, más que un lema, debía ser un principio por estas fechas, un arsenal, una herramienta, un sueño para enamorar a los que hoy llegan a los pasillos del recinto.
¿Cómo quisieras que fuera tu escuela hoy?, le hemos preguntado: «Como aquella que se fundó, como la del video. Desde que lo vi me emocionó. Yo quisiera que fuese la escuela de esos tiempos», reitera.
El joven entiende las diferencias de entonces. Comprende en su temprana madurez lo difícil que sería rescatar sus instalaciones deportivas y muchos otros espacios, pero ese es un sueño, una aspiración a la que no se puede renunciar.
Una misión que perdura
Durante décadas, los IPVCE han sido cantera de científicos, ingenieros y profesionales de alto rendimiento en Cuba. Sin embargo, los desafíos económicos y sociales de los últimos años han impactado también estas instituciones. Y así lo reconoce a Juventud Rebelde el director nacional de Preuniversitario del Ministerio de Educación, Osmani Jústiz Katt.
«Las limitaciones económicas de los últimos años, junto con restricciones externas, han afectado directamente la infraestructura y la capacidad de mantenimiento de estos centros. Parte de las edificaciones muestran deterioro y no siempre ha sido posible ejecutar los planes de reparación previstos», comenta.
Más allá de las dificultades materiales, Jústiz Katt enfatiza en que se conserva el concepto fundacional de estos centros: reunir y formar a los estudiantes con mayores aptitudes académicas para convertirlos en futuros profesionales de la ciencia del país. Al analizar el impacto histórico de los IPVCE se observa que, prácticamente en todos los territorios del país, existen científicos, directivos y profesionales de alto desempeño formados en estas escuelas, quienes hoy ocupan responsabilidades clave en universidades, centros de investigación, instituciones productivas y estructuras de dirección.
En sintonía con esa realidad, el funcionario sostiene que la misión original de formar hombres y mujeres de ciencia se mantiene vigente, aunque adaptada a las condiciones actuales. Los
IPVCE continúan siendo un espacio de agrupamiento del talento, que permite trabajar de manera intencional en la formación científica de los estudiantes, en coherencia con la idea expresada por Fidel de que «el futuro de nuestra Patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres y mujeres de ciencia».
Los resultados académicos respaldan esa función y muestran una diferencia sostenida respecto a otros centros preuniversitarios. Los datos más recientes, dice el directivo, son una muestra tangible: el 53 por ciento de los estudiantes del sistema de preuniversitario aprobaron las tres pruebas de ingreso a la Educación Superior. Dentro de este grupo, los alumnos de los IPVCE se destacaron mucho más, con un 84 por ciento de éxito en los tres exámenes.
Jústiz Katt reconoce que no todos los alumnos que ingresan a los IPVCE terminan optando por carreras científicas. Pero, aunque no se logra el índice demandado, el 78 por ciento se decanta por carreras vinculadas con esta área, confirmando la efectividad del modelo en la orientación vocacional hacia especialidades estratégicas para el país.
Currículo flexible y autonomía educativa
En relación con la formación académica, el Director Nacional de Preuniversitario del Ministerio de Educación explica que anteriormente el currículo de los IPVCE era rígido y estandarizado; seguía un mismo plan sin margen de adaptación. Hoy, aunque en esencia continúa siendo el mismo de los demás preuniversitarios, cada centro, a partir del perfeccionamiento y la adopción de nuevas concepciones de trabajo, tiene determinada autonomía para diseñar su propio currículo institucional, manteniendo ciertos elementos estratégicos que se determinan de manera centralizada, pero el resto de la programación puede adaptarse según la iniciativa de cada instituto, comentó.
Esto significa que cada IPVCE tiene libertad para incorporar contenidos adicionales de ciencia, según las necesidades y capacidades de sus estudiantes. En las actualizaciones de la resolución
vigente, se establece que aquellos alumnos que deseen y puedan presentarse a exámenes de suficiencia tengan la oportunidad de hacerlo, y que la escuela pueda ofrecer un programa más avanzado o especializado.
Para enfrentar esos desafíos, abordados en estas páginas, el directivo destaca que existe una estrategia nacional de atención integral a los IPVCE, coordinada por el Ministerio y con la participación de otros organismos. Esta articulación busca garantizar no solo el rigor académico, sino también una formación integral.
En el caso de la estabilidad del claustro docente, con ausencias de profesores que afectan particularmente en ciertas asignaturas y provincias, se han implementado alternativas como el fortalecimiento de la vinculación con universidades y la creación de grupos multidisciplinarios integrados por especialistas universitarios que apoyan la preparación metodológica y científica del profesorado.
En paralelo, se han desarrollado cursos de especialización, programas de maestría y doctorado para docentes, además de proyectos de investigación e innovación dentro de los propios IPVCE. Sin embargo, todo ello no es suficiente.
Los concursos de oposición para profesores, por ejemplo, no siempre pueden mantenerse en las mismas condiciones que décadas atrás, asegura Jústiz Katt, y agrega que se buscan variantes ajustadas al contexto actual para preservar la calidad docente.
Si de exigencias se trata
En ninguna de sus etapas, el ingreso a los preuniversitarios de ciencias exactas ha respondido a criterios elitistas, sino al rendimiento académico demostrado en las pruebas de 9no. grado por los estudiantes.
Además del examen tradicional, recuerda, se incorporaron vías de ingreso alternativas para estudiantes destacados en concursos académicos nacionales desde la secundaria básica, lo que ha permitido que jóvenes con talento científico puedan incorporarse tempranamente y comenzar a desarrollar sus capacidades dentro del sistema de formación vocacional.
Se mantienen también en estos centros, como requisito para la permanencia, la obligatoriedad de obtener 85 puntos como promedio general, asevera.
Pero las urgencias reales deberían ir más allá del diagnóstico. Y hoy, según explicó Jústiz Katt, todavía se analizan otras opciones que hagan más atractiva la continuidad de estudios y estimulen el ingreso de nuevos estudiantes.
Así se han adoptado medidas que favorecen a alumnos con resultados destacados en concursos y olimpiadas científicas, reconoce. Quienes integran equipos nacionales y participan en olimpiadas internacionales pueden optar por cualquier carrera universitaria sin necesidad de exámenes de ingreso; mientras que alumnos de preselecciones nacionales también reciben facilidades para ingresar a carreras universitarias, con excepción de las humanidades. Son estas algunas de las medidas que buscan estimular la dedicación.
Identificación temprana del talento
Como parte de la estrategia de identificación temprana del talento, funcionan en cada IPVCE del país los centros provinciales para el desarrollo del talento, donde se les da seguimiento a estudiantes de todo el sistema educativo, con grandes aptitudes y que en un futuro puedan ingresar a estas instituciones.
Un ejemplo con resultados significativos es el de Sancti Spíritus. «En los años en que tuvimos todas las condiciones como IPVCE, no teníamos la cosecha en concursos de hoy. En primer lugar, al principio, el acceso a la computación y a la literatura científica era complicado».
«Ya con el acceso a internet todo ha sido más fácil. Pero, sobre todo, se dio un cambio en la concepción fría del concursante. La tesis de otro profesor espirituano, Agustín Plasencia, el entrenador de Química con mejores resultados a nivel de país, se centró en estimular el talento, no solo con la impartición del contenido, sino también con la creación de una empatía sobre la base del respeto y el amor por la asignatura», reconoce el profesor espirituano Alberto Luis López Cepero.
Ha sido esa la fórmula exacta para que el Centro Provincial de Desarrollo del Talento de Sancti Spíritus cerrara el ciclo olímpico 2025 con broche de oro. Justo por eso, a nivel de país se diseñó y creó, según explica Jústiz Katt, un Centro Nacional de Desarrollo del Talento, que reúne a los alumnos más destacados de todo los IPVCE y les ofrece atención diferenciada.
Pero en opinión del experimentado profesor López Cepero, «en esos centros deben estar no solo los estudiantes de IPVCE, sino el talento de toda la provincia, incluidos los alumnos pertenecientes a todo el sistema de preuniversitario».
¿Qué se ha hecho?
Recuperar experiencias históricas resulta hoy decisivo para enrumbar, por un mejor camino, el futuro de los IPVCE. En distintos momentos, algunos de esos centros lograron producir medicamentos y suplementos a partir de investigaciones propias, desarrollar aplicaciones tecnológicas o innovaciones vinculadas con las características productivas de sus territorios.
La intención actual, cataloga Jústiz Katt, es retomar ese vínculo entre formación científica e innovación práctica, buscando que los estudiantes participen activamente en sociedades científicas y se integren a proyectos de investigación junto a universidades y centros científicos.
A pesar de los desafíos materiales y de que no siempre la familia ve las ventajas de estudiar en estos centros, dice, los IPVCE continúan ofreciendo a los estudiantes un entorno que mejora notablemente su vida.
Los resultados docentes y los índices de retención en estos centros son superiores a los de muchos preuniversitarios urbanos, lo que indica que los estudiantes encuentran allí mejores condiciones para concentrarse en el estudio y sostener su trayectoria académica, afirma el directivo del Ministerio de Educación.
Al referirse a la convivencia, la vida colectiva y el acompañamiento sistemático de profesores y directivos en estas escuelas, apuntó, contribuyen a fortalecer la disciplina y la permanencia escolar, lo que se refleja luego en un mejor desempeño al ingresar a la Educación Superior.
Lo material también es necesario
No es casual que una de las problemáticas que siempre salen a relucir en estos tiempos sean las condiciones de estos centros. Sin embargo, aún con limitaciones reales de recursos, se realizan esfuerzos para encontrar soluciones materiales y tecnológicas.
«Algunas vocacionales han sido priorizadas en el acceso a internet, con la incorporación de zonas wifi internas, aunque con limitaciones de capacidad. Asimismo, se han introducido aulas inteligentes y recursos que facilitan el aprendizaje y el trabajo investigativo.
«Todas estas acciones buscan preservar el carácter integral de los centros: no solo formar estudiantes con alto rendimiento académico, sino jóvenes capaces de apreciar el arte, practicar deporte, desarrollar pensamiento crítico y asumir compromisos con el desarrollo social y económico del país.
«Es importante dejar claro que la apuesta institucional por los IPVCE se mantiene firme. Y el reto no es solo preservar lo alcanzado, sino actualizar el modelo a fin de que continúe siendo un espacio donde el talento juvenil encuentre oportunidades para crecer y poner su conocimiento al servicio del país», expresó Jústiz Katt.
Para una Isla que plantea su futuro basado en ciencia e innovación no puede haber otro camino que ese… el de transformar desde la experiencia y los resultados acumulados, transformar para mantener viva esa cantera de estudiantes con vocación científica y compromiso social, por el bien de las nuevas generaciones, que es el bien de nuestra nación.
