Silencio y calma acompañan cada jornada al equipo de restauradores que trabaja en diferentes espacios de la catedral con un mismo fin: la exposición 'Primada' que abrirá sus puertas el próximo mes de mayo con motivo del VIII Centenario de la primera piedra del templo gótico. Con la precisión del segundero de un reloj, estos profesionales intervienen sobre siglos de historia en materiales que van del pergamino y el papel, a los textiles, la madera, el metal, incluso, el cristal o la piedra. Por las manos de estos 14 restauradores contratados por la Fundación Impulsa del Gobierno de Castilla-La Mancha, bajo la supervisión del Cabildo de la Seo Metropolitana, van a pasar un centenar de obras de arte, como esculturas, cuadros, bordados, orfebrería, mobiliario y documentos; una colección única y desconocida para el público que de mayo a octubre tendrá la oportunidad de acercarse a este patrimonio inédito que es el legado de siglos de fe, tradición e historia. Para llevar a cabo esta labor se han habilitado diferentes espacios, como el ochavo y el camarín de la Virgen del Sagrario, además de las instalaciones del Museo de Tapices en el antiguo Colegio de Nuestra Señora de los Infantes. ABC ha tenido la oportunidad de compartir una mañana con parte del equipo que trabaja en los relicarios del ochavo. La colección de estos cerca de 250 relicarios es inmejorable, de ellos se expondrán unos 60. Como explican Isabel Sánchez, Javier Ruilópez y Eva Bajo, acercarse a estas piezas sobrecoge. Lo hacen con el máximo respeto. En sus manos están siglos de devoción, huesos de santos y santas, mártires, y joyas de la platería que ahora saldrán del ochavo para que el público de 'Primada' admire y entienda el peso de la Dives Toletana en la historia, ya no del arte, sino del mundo. «Repetimos que la exposición va a ser única, y es así, como única es la oportunidad de restaurar relicarios, no es un trabajo habitual, por eso estamos tan emocionados», comentan con la cadencia de la mesura que aplican en cada una de sus intervenciones. Hasta el momento ya han restaurado las arcas de plata con las reliquias óseas de Santa Leocadia y San Eugenio, además de poner a punto el relicario de San Ildefonso que cada 23 de enero se venera en la Capilla de la Descensión, precisamente donde según la tradición se alzó el altar mayor de la basílica visigoda dedicada a Santa María, ni más ni menos que el origen de la catedral. Isabel se para frente a la urna de San Eugenio. Desliza la tela que la envuelve para que la acción del tiempo no actúe más sobre ella, y señala una escena: «Mira, fíjate en los detalles». Se trata del cortejo procesional presidido por el rey Felipe II que condujo los restos del santo, primer obispo de Toledo, desde su entrada en la ciudad hasta la catedral. «Aparece el príncipe Carlos y el duque de Alba, y el rey lleva el toisón de oro». Y así es. La escena, en plata, denota la maestría de su autor, Francisco Merino y Nicolás de Vergara, que firmó la pieza en el año 1569. Pero esta no es la única arca con restos de San Eugenio. Se contabilizan hasta cinco relicarios del santo, como la arqueta primitiva en la que se custodian parte de sus huesos, una joya del siglo XII restaurada, al igual que lo será el relicario de San Luis de Francia, una obra que a modo de cuadro o pequeño retablo expone fragmentos del Lignum Crucis, así como reliquias de San Juan Bautista, Santa Bárbara y un pedacito del velo y del vestido de la Virgen María. El monarca francés y santo donó el tablero de reliquias a la Catedral en 1248, tal y como se lee en una carta manuscrita que se conserva en el mismo cuadro. Acercarse a estos relicarios es ponerse frente a ocho siglos de tradición devocional. El respeto es máximo en cada palabra, en cada gesto o acción que los restauradores llevan a cabo con sus herramientas de trabajo: hisopos de algodón, gomas de borrar, tejidos mullidos y otros utensilios, como lupas y gafas de precisión. El ochavo se ha convertido en una especie de quirófano donde los sanitarios son expertos en restauración y conservación de obras de arte. 'Primada' contará con un catálogo de 326 obras, la mitad, más o menos, inéditas, y la tercera parte restauradas para la ocasión. Con esta exposición ya no habrá margen para la duda: la historia del arte cuenta en la catedral de Toledo con su máximo exponente, un templo hecho asimismo que destacó sobre otros por el afán de monarcas y arzobispos de aumentar la importancia devocional, litúrgica y artística de la Seo Metropolitana. Gracias al VIII Centenario ya no habrá que esperar a cada 5 de noviembre para conocer parte de esta colección que va de lo místico y legendario a lo espiritual. Y es que ese día la Catedral y los templos diocesanos celebran la Fiesta de las Sagradas Reliquias con la exposición de algunas de las arquetas con mayor devoción. A las reliquias de San Eugenio, San Ildefonso y Santa Leocadia, pilares de la Iglesia toledana, se sumarán los bustos relicarios de San Juan Bautista y de Santa Rosalía, donado en 1680 por el cardenal Luis Fernández Portocarrero, arzobispo de Toledo y consejero de Estado durante el reinado de Carlos III. Entre las piezas más curiosas del ochavo destaca un relicario candelabro. En sus brazos, de orfebrería, se disponen varias cápsulas de vidrio y en su interior bolsas realizadas con tejidos nobles que envuelven las reliquias de varios santos. «Los tejidos son de una belleza extraordinaria», apuntan los restauradores, a quienes aún les esperan largas jornadas de trabajo para que los cerca de 60 relicarios seleccionados por los comisarios de la muestra luzcan como lo hicieron en origen. El trono primitivo de la Virgen del Sagrario, tallado en madera y policromado, también se ha restaurado y estará en la exposición, así como la Virgen del retablo de la Capilla Mayor, de factura gótica y cubierta con láminas de plata que se adaptó al nuevo retablo mayor por orden del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros en el siglo XV; además se incorporará al discurso expositivo la Virgen del Tesoro, una valiosa talla anónima gótica del siglo XIII tallada en madera policroma en rostro y manos, cubierta con láminas de plata, entre otras obras de arte. Después de meses de trabajo ya hay obras listas para su exposición, como los 10 óleos sobre tabla del siglo XIV que se conservan en la Capilla de San Eugenio y que pertenecieron al retablo primitivo de la Capilla Mayor, obra del pintor gótico italiano Gherardo Starnina, con añadidos de Juan de Borgoña en el año 1500; o los lienzos de la Capilla de la Virgen del Sagrario dedicados a San Bernardo, San Eugenio, San Ildefonso y Santa Leocadia, que el cardenal Sandoval y Rojas encargó en 1614 a Vicente Carducho y a Eugenio Cajés, junto a otras 12 pinturas de esta capilla, desconocidas, hasta ahora, por su ubicación recóndita. Otra de las piezas ya restauradas y que siempre estuvo en el coro del templo, en las alturas junto al órgano de Echevarría de 1755, es la escultura de Don Diego López de Haro. Sixto Ramón Parro en su obra 'Toledo en la mano' (1857) habla así de esta pieza: «Se nota una estatua de un caballero, arrodillado sobre una peana mirando hacia el coro y casi tocando con la caja del órgano», y añade sobre el personaje, «fué el primer guerrero que entró en la batalla de las Navas de Tolosa y á quien en gran parte se debió la victoria en aquella por siempre célebre jornada». Asimismo, el autor toledano explicaba que este insigne caballero «costeó de su bolsillo la construcción de toda la parte de iglesia que media entre la puerta que se llama hoy de los Escribanos, por la nave segunda adelante hasta el arco ó bóveda de enfrente del pilar que sostiene ahora su estatua, é hizo otras donaciones mas á la Catedral. El Cabildo en agradecimiento á la generosidad , valor y virtudes de este modelo de caballeros cristianos, le erigió esa estatua en este sitio mucho tiempo antes de que se hiciesen las sillerías actuales del coro». En un pequeño habitáculo al que se accede por una escalera de caracol labrada en piedra y que cuenta con un balcón interior con vistas impresionantes al ochavo, se encuentra otro de los talleres. Esta espacio es el camarín de la Virgen del Sagrario, no más de 15 metros cuadrados de intimidad absoluta en los que se está restaurando una colección de 19 pinturas al óleo sobre cobre del grabador y pintor barroco italiano Pietro del Pò. Tres de estas obras se dedican a San Ildefonso y la imposición de la casulla, a San Eugenio predicando y a Santa Leocadia en la cárcel, el resto representan el ciclo de la vida de la Virgen María. Esta colección llegó a la catedral por encargo del embajador español en Roma, el cardenal Pascual de Aragón, tan ligado al convento de Las Capuchinas. Tras su nombramiento como arzobispo de la sede primada en el año 1666, regaló estos 19 cobres que desde entonces decoran el camarín de la patrona popular de los toledanos. Podrán verse en la exposición 'Primada' con sus marcos originales, también restaurados. Una oportunidad única para conocer el patrimonio desconocido de uno de los principales museos de arte del mundo: la Dives Toletana.