La etiqueta del 'genio atormentado' ha superado los límites de la historia y la psicología . Hoy en día la utilizamos de forma cotidiana, por ejemplo, para llamar a un niño que juega a cosas adelantadas a su edad y sufre porque sus compañeros no le siguen el ritmo. En adultos también es común sacarla a colación, en especial para referirnos a personas cuya autoconsciencia es muy desarrollada y les induce a la culpa, el miedo y otros pensamientos negativos. En su origen, en realidad, tiene una connotación más cercana a los problemas mentales , pero Hollywood la ha dulcificado con los años. El genio atormentado está enraizado en la cultura que consumimos, con productos tan populares como la película 'El club de los poetas muertos' o el disco 'The Tortured Poets Department' de Taylor Swift . Originalmente, esta etiqueta se atribuyó a personajes históricos de todas las ramas del conocimiento. Edgar Allan Poe, Vincent Van Gogh, Nikola Tesla o Alan Turing han sido encasillados en este marco. Se les atribuía un especial sufrimiento provocado por su alta inteligencia y sus problemas mentales. Por figuras como ellos, se cree que las personas más listas son más propensas a vivir infelices, afligidas por el peso de sus propias ideas o por una deriva malvada de su capacidad intelectual. La comunidad científica ha estudiado la veracidad de este concepto y, entre ellos, Roberto Colom. Es autor y catedrático en Psicología Diferencial en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y se ha pronunciado al respecto de esta creencia popular. «El clásico mantra este del genio atormentado es mentira. Es totalmente mentira» , afirma en una entrevista reciente. Las personas más inteligentes tienen, precisamente, «una mayor fortaleza a nivel psicológico y por tanto tienen menos vulnerabilidad a presentar algún tipo de psicopatología de carácter». Así y al contrario de lo que se propone en el cine, «les caracteriza una menor probabilidad de presentar algún tipo de problemática de salud mental . Por supuesto que hay excepciones». El experto insiste en las excepciones, ya que se ha demostrado que las personas más inteligentes -con un coeficiente intelectual mayor- no se pueden agrupar en un mismo perfil compartido. Pone por ejemplo a las personas que presentan una capacidad intelectual superior a 130 puntos, «que es el 2% superior». Entre ellas «son tan distintas o más que el resto de los individuos de la campana de Gaus. Hay muchas diferencias entre ellos», insiste. Su único rasgo común es que «son individuos que son muy inteligentes objetivamente, pero su personalidad puede ser muy variada». «No hay características que no sean su capacidad intelectual que les caractericen de un modo peculiar como grupo» y por eso no se puede deducir que la gente inteligente sufra con más intensidad que la población en la media intelectual. Roberto Colom comenta que esta falsa creencia ha sido difundida por la teoría de Sigmund Freud (1857-1939). «Fue quien primero propuso que la gente que tiene éxito socialmente, que es muy espabilada, que le va muy bien, paga un precio» , explica. Este precio se establece socialmente en forma de estereotipos de soledad y discordancia social: «Pues son raritos, son físicamente débiles, por supuesto llevan gafas, en el gimnasio cuando van al cole son los los peores», enumera el experto, consciente del error a nivel científico de estos perfiles.