Borja Iglesias y Ruibal conversan sobre la homofobia: "Con que un niño cambie de opinión me sirve"
Los futbolistas Borja Iglesias y Aitor Ruibal, del Celta y del Betis, amigos entre sí. conversaron en Movistar sobre la serie Más que rivales y, una vez más volvieron a mostrar que son dos amigos con ideas mucho más abiertas que la gran mayoría de los jugadores de fútbol. Fue una lección de valentía y de puertas abiertas a la diversidad.
La ficción narra la relación entre dos jugadores de hockey sobre hielo que compiten al máximo nivel. Son rivales deportivos, se enfrentan con dureza en la pista y representan a equipos opuestos. Sin embargo, fuera del hielo, la historia se despliega por otro carril: ambos sienten una atracción sexual mutua que pone en tensión todo lo que el deporte profesional ha construido alrededor de la masculinidad, la rivalidad y la imagen pública.
A partir de ese punto de partida, Borja Iglesias y Aitor Ruibal fueron llevando la conversación hacia un terreno poco habitual en el fútbol de élite: la homofobia estructural del deporte y la dificultad real para vivir la identidad afectiva con normalidad.
Un amor entre dos futbolistas de LaLiga
Ambos coincidieron en una idea central: una situación así, protagonizada por dos grandes estrellas de LaLiga española, tendría un impacto social enorme y rompería una barrera que sigue prácticamente intacta en el deporte masculino profesional. Iglesias lo expresó: «Ojalá. Hace unos años te diría que sería imposible y ahora sí que siento que podría pasar, ¿sabes? Eso sería fantástico, yo creo que eso sería dar un paso enorme», dijo durante la conversación.
Ruibal recogió el guante y llevó la idea un paso más allá, trasladándola a una escena de máxima exposición. Imaginó un gesto de afecto en una final de un Mundial, un escenario global en el que cada imagen se multiplica. «Estaría guapísimo, ¿no? En una final de un Mundial y que yo que sé, que alguno le plante un besazo en vez de a una periodista a un periodista», dijo, con naturalidad. Iglesias se mostró de acuerdo de inmediato.
Ambos hablaron también de las dificultades cotidianas para expresarse libremente dentro del fútbol, incluso en gestos que, fuera de ese entorno, serían completamente normales. Iglesias puso ejemplos concretos, pequeños actos que siguen siendo observados con lupa. «Ya cuesta a veces mostrarte cómo quieres ser a través de ponerte un bolso o pintarte las uñas o maquillarte si te apetece, ¿no?», explicó.
Ruibal añadió otros gestos a esa lista implícita: teñirse el pelo, salirse de la estética dominante, romper con la imagen del futbolista como figura rígida y homogénea. Detalles que parecen menores, pero que en un vestuario o en una grada pueden convertirse en motivo de burla. Iglesias fue claro al asumir que el odio sería inevitable, pero no quiso quedarse solo en ese lado de la balanza. «Igual yo soy un iluso, eh, pero yo creo que joder, sería algo tan tan importante para la sociedad y para tanta gente que, aunque obviamente van a recibir mucho odio, también creo que recibiría mucho mucho cariño, mucho amor, mucho apoyo», dijo.
Al final, más allá del fútbol, de las audiencias o de las polémicas, Ruibal puso el foco en el impacto íntimo de estas experiencias. «Al final sabes que no vas a arreglar el mundo, pero igual con que un niño cambie de opinión ya me sirve», afirmó.
