Para muchos, que
Lindsey Vonn aceptara el reto de competir en los
Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina era una auténtica locura y, para otros, era una muestra más del amor que siente la
esquiadora de Vail por un deporte que se lo ha dado todo. La inestabilidad de sus rodillas, la derecha reconstruida con titanio, y la izquierda sustentada por una rodillera en cuyo interior había un
menisco roto, un edema óseo y la rotura del menisco tras la caída sufrida hace diez días en Crans Montana, podía no hacer presagiar nada bueno, pero los resultados logrados en los entrenamientos previos abrían una puerta al optimismo.
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