La despedida civil de Jesús Fuentes Lázaro, primer presidente de Castilla-La Mancha durante la etapa preautonómica, se convirtió este domingo en el Tanatorio de Toledo en un acto cargado de emoción, memoria y gratitud , arropado por numerosos representantes políticos, institucionales y sociales de la región y de la capital. El maestro de ceremonias fue Antonio Illán, quien abrió el homenaje con un discurso marcado por la cercanía y el reconocimiento personal. «Hoy nos reunimos a despedir a Jesús Fuentes Lázaro. Y aunque cuesta aceptar la ausencia, sabemos que estamos aquí por algo más que recorrer el dolor. Estamos aquí por gratitud», expresó ante familiares, amigos y compañeros. Illán definió a Fuentes Lázaro como un maestro en el sentido más amplio del término, tanto por su labor como profesor de Literatura e Historia, como por su forma de entender la vida y el compromiso cívico. «Era esa persona que sin levantar la voz te enseña a mirar mejor, a entender el mundo con más criterio, con más humanidad y con más memoria. Un maestro que no impone, acompaña», señaló, recordando cómo Jesús Fuentes acompañó a muchas generaciones desde la discreción y la coherencia. Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia llegó con las palabras de su nieto, quien quiso subrayar la faceta más íntima del que fuera político y profesor. «Jesús fue muchas cosas, pero para mí era mi abuelo: entrañable, cariñoso, alguien a quien todo se le hacía poco», relató, recordando su implicación como voluntario en la comunidad educativa y su empeño por transmitir el amor por el conocimiento. Evocó también cómo, junto a su esposa, acogieron a estudiantes en su casa, donde Jesús insistía en enseñar incluso el pretérito pluscuamperfecto. «Buscaba la excelencia en todo lo que hacía», afirmó, antes de despedirse con un mensaje cargado de ternura: «Abuelo, disfruta este último viaje. Nosotros vamos a cuidar de los tuyos. Te quiero mucho». Por expreso deseo del propio Jesús Fuentes, durante la ceremonia sonó la canción Senza Fine de Gino Paoli, una elección simbólica que evocó la idea de un tiempo suspendido y de un amor y una memoria que no entienden de finales, sino de permanencia. A lo largo de la mañana del domingo pasaron por el tanatorio los expresidentes autonómicos José Bono y José María Barreda, mientras que por la tarde la ceremonia civil congregó a un amplio abanico de responsables públicos en activo. Entre ellos se encontraban la ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Milagros Tolón; el delegado del Gobierno de España en Castilla-La Mancha, José Pablo Sabrido; el presidente de las Cortes regionales, Pablo Bellido; la consejera portavoz del Gobierno autonómico, Esther Padilla; y el consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital, Juan Alfonso Ruiz Molina. También asistieron concejales del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Toledo, así como el alcalde de Noblejas, Agustín Jiménez, acompañado de su teniente de alcalde, Ángel Luengo. Junto a ellos, acudieron destacados exresponsables públicos y sindicales como Manuel Guerrero, exsecretario provincial de UGT y exdelegado provincial de Medio Ambiente; Ángel Felpeto, exconsejero de Educación, Cultura y Deportes; Roberto Sabrido, exconsejero de Sanidad; y Juan Pedro Hernández Moltó, expresidente de Caja Castilla-La Mancha; entre otros, además de rostros históricos del socialismo toledano como Fernando Mora, Martín Molina o Juan José Pérez del Pino. La despedida trascendió siglas políticas y contó también con la presencia de la exconcejala del Ayuntamiento de Toledo y exdiputada regional del Partido Popular Claudia Alonso, en una muestra del respeto institucional y personal que despertó la figura de Jesús Fuentes Lázaro. El acto concluyó entre abrazos, silencio y emoción contenida, dejando la imagen de un hombre recordado no solo por su papel en los orígenes de la autonomía de Castilla-La Mancha, sino también por su vocación de maestro, su compromiso cívico y su profunda humanidad.