Con el corazón en un puño todo el mundo estaba esperando noticias acerca del
estado de salud de Lindsey Vonn. La veterana esquiadora estadounidense (41 años) sufría una fea caída a los trece segundos de su descenso. El golpe era feo y la posición en la que quedó su cuerpo hacía temer lo peor, más aún sus gritos de dolor en medio de la pista, que hicieron que el numeroso público congregado en meta se quedara sin aire.
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