Esa 'a' tan traída y llevada (la de a-confesional) no es una letra decorativa, es griego antiguo. Un prefijo que denota privación o negación. Es decir, que cuando un Estado es a-confesional no significa «militantemente en contra de»; significa, sencillamente, que no está adscrito. Que no obliga. Y que, por tanto, detalle que parece escapársele a algunos, sí permite. Todo esto me ha recordado a una escena inmortal del cine. En 'El jovencito Frankenstein' , el doctor Frankenstein envía a Igor (el criado jorobado) a robar un cerebro 'normal'. Pero el frasco correcto cae al suelo y se hace añicos. Entonces Igor, sin perder la compostura, coge el frasco de al lado. La etiqueta es clara: 'A-Normal'. Anormal. Y ahí...
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