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La nueva economía de Costa Rica: ¿Cuáles sectores ganan y pierden peso en la producción?

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La transformación productiva del país hizo que, en tres décadas, actividades que lideraban la economía perdieran peso y otras crecieran de forma acelerada.

Así se detalla en la más reciente actualización de la medición del producto interno bruto (PIB) realizada por el Banco Central de Costa Rica (BCCR).

En 1991, la economía del país se sostenía principalmente en la manufactura, el comercio y el agro. Sin embargo, 30 años después, el panorama es muy distinto: los servicios llevan la batuta.

A inicios de la década de los noventa, la manufactura representaba poco más del 20% del PIB, seguida por el comercio, con un 14%, y el sector agropecuario y pesca, con un 12%.

Para el 2024, ese liderazgo cambió por completo. Los servicios encabezan la economía con un 14,3%, la manufactura pasó al segundo lugar con un 13% y la educación y la salud se ubican en el tercer puesto, con un 12,7%. El agro, en contraste, redujo su peso a un 3,34%.

Esta transformación en la estructura productiva del país quedó en evidencia tras la actualización del año base para el cálculo del PIB, vigente desde noviembre pasado, con datos actualizados al 2024.

¿Qué pasó en estos 33 años?

El Banco Central explica que esta modificación responde principalmente a los precios relativos y a los cambios en los gustos y preferencias de los consumidores, factores que influyen directamente en el comportamiento de la demanda.

Se trata de una característica propia de las economías desarrolladas, que pasan de producir principalmente bienes a enfocarse en los servicios, señaló Henry Vargas, director de la División de Análisis y Datos Estadísticos del Banco Central.

“Nos vamos especializando en lo que somos más eficientes en comparación con lo que produce el resto del mundo”, apuntó Vargas. Añadió que, actualmente, la mayor participación relativa corresponde a los servicios y a los productos de manufactura con un alto componente tecnológico.

Sobre la reducción del peso del agro, Vargas aclaró que una menor participación relativa no implica que el sector esté “cayendo”, sino que está creciendo a un ritmo más lento que otras actividades económicas.

Tras la crisis de los años 80 del siglo pasado, Costa Rica dio un giro profundo a su modelo de desarrollo. El país pasó de un esquema de sustitución de importaciones y fuerte intervención estatal a una economía abierta, basada en la promoción de exportaciones y la atracción de inversión extranjera directa (IED).

Ricardo Monge, presidente de la Academia de Centroamérica, explicó que este cambio estructural fue impulsado por la liberalización unilateral de aranceles, la adhesión a tratados comerciales internacionales y la creación de entidades y organizaciones dedicadas a promover el comercio exterior y atraer IED.

Según Monge, esta estrategia impulsó el crecimiento de sectores dinámicos como los servicios corporativos y la manufactura de ciencias de la vida. No obstante, advirtió de que la apertura fue incompleta, ya que se protegió a ciertos sectores agrícolas y a monopolios estatales que hoy muestran rezagos en competitividad.

“Esta transición inconclusa ha generado una marcada dualidad económica que divide al país en dos realidades. Por un lado, coexiste un sector altamente productivo y moderno, vinculado al mercado exterior; por otro, sobrevive un sector tradicional, orientado al mercado interno, con baja productividad y escaso apoyo institucional para mejorar su competitividad”, consideró el economista.

Para Monge, el desafío actual está en aplicar políticas de desarrollo productivo que permitan articular ambos mundos, siendo los clústeres una herramienta clave para lograrlo.

El cambio impresionante

Antes de los años 1990, la economía costarricense dependía en gran medida del agro y de la industria liviana, con Centroamérica como su principal mercado. El economista Fernando Naranjo señaló que, a partir de esa década, el país desarrolló un modelo único en América Latina, con un cambio “impresionante” en su estructura productiva.

Naranjo coincidió en que hoy la economía depende en gran medida de la actividad de las zonas francas y de los servicios, especialmente los empresariales y el turismo. Como contraparte, disminuyó la participación de la producción agrícola y de la industria orientada a los países vecinos.

Al cierre del cuarto trimestre del 2025, el régimen definitivo −integrado por empresas que pagan el impuesto sobre la renta− aportó el 82,4% del PIB, mientras que el régimen especial, donde se ubican las zonas francas, contribuyó con el 17,6%, según datos del Banco Central.

Natalia Morales Aguilar, coordinadora del Informe Estado de la Nación, indicó que se esperaba que el auge económico generado por este modelo de desarrollo se tradujera en más y mejores oportunidades de empleo para la mayoría de la población.

Sin embargo, subrayó, el país no fortaleció de forma paralela las reformas estructurales en las instituciones vinculadas a los sectores tradicionales y al mercado local, ni implementó una política nacional de empleo.

El resultado ha sido un aumento de la inversión y del régimen de zona franca, sin que eso se refleje en una mejora generalizada de las oportunidades laborales y empresariales para la mayoría.

A esto se suma que el sector más dinámico de la economía realiza pocos aportes tributarios, por lo que su crecimiento no se refleja de forma significativa en los ingresos del Estado. Esta situación ha dejado sin suficiente apoyo productivo a sectores como el agropecuario y las pymes.

Transformación ‘es bienvenida’

El expresidente del BCCR, Rodrigo Cubero, coincidió en que el mayor peso de los servicios de alto valor agregado en la producción nacional es una constante en los países desarrollados, que al mismo tiempo ven disminuir la participación relativa del agro.

Cubero también señaló que el sector manufacturero ha atravesado una transición hacia procesos más sofisticados y de mayor valor agregado, como ocurre con los dispositivos médicos, que actualmente representan el 48% de las exportaciones totales de bienes.

Es una transformación estructural de la economía de Costa Rica que es bienvenida, que refleja un incremento significativo en el valor agregado total y una recomposición coherente con lo que se ha visto en los países desarrollados (pasar) de la agricultura y la manufactura a servicios de mayor valor agregado”, opinó el exjerarca del Central.

Este proceso se traduce en mejores salarios promedio y un mayor bienestar para la población. No obstante, Cubero advirtió de que algunos segmentos han quedado rezagados, especialmente en las periferias fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM), donde se observa lo que definió como “precarización laboral”, marcada por la informalidad y los bajos salarios.

“El modelo que hemos visto en estas tres décadas ha sido exitoso, pero no suficiente”, apuntó.

Otro sector que ganó terreno es salud y educación, que pasó de 7,69% a 12,73% durante el mismo periodo. Aquí se incluyen servicios privados, indicó el BCCR.

Efecto en el comercio

El comercio también redujo su participación en el PIB, al pasar del 14% al 8,8% en estas tres décadas. Gabriela Saborío, ejecutiva del Departamento de Captura y Depuración de Datos del BCCR, explicó que este sector tiene la particularidad de involucrar la cadena de distribución, el margen comercial −la diferencia entre el precio de compra y de venta− y los gustos y preferencias de los consumidores.

La apertura comercial y el comercio en línea han influido en la demanda. Saborío señaló que los canales de distribución se han ido acortando, con menos intermediarios, lo que incide directamente en este coeficiente.

Para el economista Víctor Umaña, el “gran ganador” de este proceso son los servicios, que hoy constituyen el eje central del modelo productivo costarricense.

Umaña consideró que la manufactura ha visto reducida su participación debido al “crecimiento exagerado” de los servicios.

“Hoy la balanza está inclinada hacia los servicios, el agro y la industria siguen siendo claves para las exportaciones”, expresó Umaña, quien además sugirió aplicar políticas que eleven la productividad de los servicios modernos, donde se concentra el mayor valor agregado.

¿Por qué actualizar el año base?

La actualización del año base de referencia para el cálculo del PIB, se realiza para incluir los cambios y contar con la actualización de la estructura económica del país.

Henry Vargas, del Banco Central, explicó que con base en las buenas prácticas recomendadas por los organismos internacionales, el ajuste se realiza cada cinco años.

La actualización se inició con el 2012 como año de referencia, seguido del 2017 y el reciente con el 2022, vigente desde noviembre pasado. Anteriormente, los años de referencia fueron 1966 y 1991, lo que, a opinión de Vargas, mantenía una estructura inadecuada de las cuentas nacionales.

Explicó que el peso relativo de cada una de las actividades económicas y su crecimiento son los que determinan los cambios en la estructura productiva. Esta última actualización recoge los cambios que provocó en las actividades la pandemia de covid-19

Alejandra Ramírez, directora del Departamento Captura y Depuración de Datos del BCCR, agregó que cada ajuste de año base viene acompañado de cambios y mejoras metodológicas según manuales internacionales.

Antes de la aplicación del cambio se realizan ejercicios experimentales y, además, los ajustes quinquenales evitan distorsiones abruptas en los datos, señaló Saborío.

El equipo a cargo de todo el proceso de actualización de las cuentas nacionales lo conforman 24 personas, algunos con más de 20 años en la institución.















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